Sistemas políticos, sistemas sociales. Democracia, dictadura - La democracia en la era de la globalización - Libros y Revistas - VLEX 737442969

Sistemas políticos, sistemas sociales. Democracia, dictadura

Autor:Pamela Lili Fernández Reyes
Cargo del Autor:Doctora en Derecho Universidad Complutense de Madrid
Páginas:45-60
 
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Entre los dichos mas reiterados por parte de los científicos sociales, se encuentra aquel que sostiene que de toda taxonomía se puede predicar tanto su condición de falsificadora u ocultadora de la realidad como de excelente ayuda para la comprensión y el entendimiento de ésta.1 Todas las clasificaciones de los regímenes políticos terminan refiriéndose, ya sea de manera implícita o explícita, a distintos sistemas de valores o concepciones del mundo.2

En este sentido resulta conveniente traer aquí el testimonio que al respecto ofrece el politólogo y constitucionalista francés Maurice Duverger en su curso de “Sociología Política”,3 obra en la que pone especial cuidado en reseñar hasta qué punto las clasificaciones de los regímenes políticos postuladas por Platón y Aristóteles tendían a destacar, tal y como el mismo lo hace, las cualidades propias de los regímenes mixtos; mientras que, por el contrario, la de Montesquieu al poner el acento, como lo hace, en las cualidades de los regímenes mixtos, muestra tener una concepción diferente a la de los clásicos griegos acerca de lo que debe entenderse por régimen mixto.

Las tipologías dominantes en el mundo noroccidental suelen acoger una contraposición abierta y radical entre las democracias y las dictaduras; y al hacerlo, en la mayor parte de los casos, encomian y justifican a las primeras, al tiempo que desvalorizan a las segundas. No en vano la democracia como sistema universal de vida política se ha constituído mayoritariamente en el único sistema de legitimación del poder “Que parece aceptable en el siglo XX”.4

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Como forma y condición concreta del proceso político-social encaminado a la transformación del mundo y a la liberación del ser humano. Esta valoración de la democracia que reclama tener de la misma una visión histórica y no dogmática, evolutiva y no congeladamente formal parece haberse impuesto sobre todo tras la caída del socialismo real y de las democracias populares, que modificó el escenario político, en la conlusión del siglo XX; ofreciendo una situación que permitió para engolar la salida del socialismo y las repercusiones que generó con la caída del Imperio romano.5La extensión de la democracia liberal como forma de gobierno ha triunfado en el presente, en un escenario en donde el número de regímenes políticos que se auto-califican orgullosamente como democracias, no hacen sino aumentar la degradación del significado de la democracia son procesos paralelos tal y como ha puesto de manifiesto R. L. Hanson, al entender que ambos fenómenos delimitan al reflejar el hecho de que nuestro lenguaje político se constituye en la acción política, y no a priori.6

Si bien y en contraste con lo que se quisiera creer en occidente “L’écroulement du socialisme réel”, no condujo necesariamente a la democracia ni a la economía del mercado. La caída del muro de Berlín marcó un momento en el que parecían conformarse casi en su literalidad, los augurios de Francisco Fernández Santos cuando en 1961 apuntaba a que vivíamos en tiempos revueltos, en los que el mundo cambiaba de piel, y hasta tal vez de carne histórica, cuando una cultura, la cultura democrática, de tendencia profundamente universalista que había tenido su cuna y su desarrollo domestico en Europa se universaliza de verdad, planetalizandose y convirtiéndose en la aspiración o patrimonio de todos los pueblos de la tierra.7Francisco Fernández sostiene que la democracia no era en sí misma un sistema político, sino más bien la condición primordial de todo sistema político, a la manera del lubrificante indispensable y primordial en los ejes de cualquier maquina: “la democracia es la realidad de hoy; lo contrario de la democracia, una utopía, una realidad, claro esta, no natural, sino humana, histórica. Una realidad o digamos conquistada. La democracia en nuestro nivel de civilización, la altura de nuestro tiempo. Altura que es consecuencia de una presión irreversible ejercida desde el interior de los individuos y de los grupos sociales. Consecuencia del crecimiento histó-rico imposible de invertir. Todavía en el siglo XIX la democracia podía ser un ideal, algo que estaba en el horizonte humano; como tal, ofrecía el perfil atractivo de lo perfecto y sin contradicción. Hoy, ya la democracia no es un ideal, una tendencia de la realidad, sino la realidad misma; es vida contemporánea y como tal vida lugar de contradicciones y luchas (contradicciones y lucha que son el testimonio primario de

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la vida). Que es la realidad insoslayable lo demuestra el hecho de que los regímenes antidemocráticos vivan hoy en perpetua mala conciencia y procuren darse su tonillo hipócrita de democracias, con adjetivos –la hipocresía es un homenaje pervertido, pero homenaje al fin a la verdad-.” 8Circunstancia que no puede sorprender, toda vez, que en la cultura hegemónica occidental el término dictadura aparece cargado de connotaciones peyorativas, -esto es, tiene una connotación emotiva desfavorable- mientras que, por el contrario, el término democracia es un término que comparece dotado de connotaciones emotivas favorables, en congruencia con el fenómeno que se ha dado en llamar “la globalización de la democracia”, la instauración de la democracia de raíz liberal como el único sistema de gobierno legítimo.9Cuando existían, lo que entonces se denominaban regímenes de democracia popular, en lo que comúnmente se identificaba como el socialismo real, la contraposición que en el ámbito de estos regímenes se establecía entre sistemas capita-listas y sistemas socialistas también aparecía cargada de connotaciones emotivas, ya fueran favorables, ya fueran desfavorables. En concreto, en el vocabulario de la ortodoxia marxista, el término capitalista es una expresión que se utiliza con fuertes connotaciones peyorativas y descalificadoras, de tal manera, que en tal contexto calificar a un régimen, a un sistema, a una organización como capitalista es descalificarlo, mientras que calificar a un régimen, a una organización, o a un sistema, como socialista es atribuir al mismo connotaciones favorables, y por tanto calificarlo encomiástica, positivamente.10

En un importante texto del profesor Norberto Bobbio donde se recopila sin correcciones sustanciales, cuatro voces redactadas originariamente para la Enciclopedia Einaudi, en las que se ofrece contribuciones bipolares de una serie de conceptos de la ciencia y la práctica política: en concreto, las voces “Democracia-dictadura”, “Público-privado”, “Sociedad civil y Estado”, y que cierra la exposición de estas voces con la contraposición “Democracia-dictadura” que aborda desde la teoría de las formas de gobierno, esto es de las diversas maneras o modelos bajo las cuales se ejercerse el poder político.11 En ese ámbito Bobbio señala que el termino político de-

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mocracia designaría la forma de gobierno en la que el poder político lo ejerce el pueblo, y así en la Atenas clásica, donde se localiza el origen de la palabra democracia, tal palabra significa gobierno del demos. Con la salvedad de que en la historia del pensamiento político el ámbito donde se ubica la controversia en torno a la opinión, los caracteres, las ventajas y las contraindicaciones de la democracia es el de la teoría y tipología de las formas de gobierno. De tal manera que en cualquier análisis acerca de la democracia se plantea de manera continuada las relaciones entre esta y otras formas de gobierno, porque solo así se puede identificar lo que individualiza a la democracia como una especie de forma política.

En la concepción de Bobbio, el concepto de democracia se integra en un conjunto sistemático de conceptos que constituye las formas de gobierno, de tal manera que el concepto propio de democracia solo es inteligible en su naturaleza específica en relación con otros conceptos del sistema, “de los que delimita la extensión, siendo a su vez determinado por ellos; considerar al concepto de democracia como parte de un sistema de conceptos más amplios permite dividir el análisis siguiendo los diferentes usos en los cuales las teorías de las formas de gobierno ha sido de vez en vez, o al mismo tiempo, según los diversos autores utilizada, estos usos son los tres siguientes: descriptivo (o sistemático), prescriptivo (o axiológico) e histórico.

En su uso descriptivo o sistemático una teoría de las formas de gobierno se resuelve en la clasificación y por consiguiente en la tipología de las formas de gobierno que históricamente han existido, realizada con base en la determinación de lo que las une y de lo que las distingue, en una operación que no es diferente de la del botánico que clasifica plantas o del zoólogo que clasifica animales. En su uso prescriptivo o axiológico, una teoría de las formas de gobierno implica poner en juego una serie de juicios de valor, con base a los cuales las diversas constituciones políticas no solo se alinean unas a lado de otras, sino que aparecen dispuestas o catalogadas de acuerdo con un orden de preferencia, en consideración a la calificación que merecen al ser juzgadas buenas o malas, optimas o pésimas, mejores o menos malas que otras y así sucesivamente.

En fin, se puede hablar de uso histórico de una teoría de las formas de gobierno cuando nos servimos de ella no solo para clasificar las diversas constituciones políticas, no solo para recomendar una en lugar de otra, sino también para describir los diversos momentos sucesivos del desarrollo histórico considerado como un paso obligado de una forma a otra. Cuando el uso prescriptivo y el uso histórico se vinculan, como sucede con frecuencia, la descripción de las diversas fases históricas se resuelve en una teoría del progreso o del regreso según si la forma es mejor hasta el final o el principio del siglo.12

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Desde la óptica de su significado descriptivo, Bobbio identifica la democracia como una de las tres posibles formas de gobierno según la tradicional tipología de estas, cuando son...

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