La igualdad - Quinta Parte - Justicia para erizos - Libros y Revistas - VLEX 582180370

La igualdad

Autor:Ronald Dworkin
Páginas:428-442
 
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XVI. LA IGUALDAD
FILOSOFÍA Y VERGÜENZA
La pobreza constituye un curioso tema para la fi losofía refl exiva; solo
parece ser apto para el escándalo y la lucha. En la mayoría de los países
ricos, la distancia entre las personas de posición acomodada y los pobres
es inconmensurablemente grande; en algunos, incluido Estados Unidos,
esa distancia crece sin pausa. En estas circunstancias, la fi losofía política
académica debe parecer artifi cial e indulgente consigo misma. Las teo-
rías de la justicia distributiva exhortan de manera casi inevitable a una
reforma radical en las comunidades capitalistas avanzadas, donde se las
estudia con mayor avidez. Pero la posibilidad práctica de algo parecido
a la reforma que propician es remota. Los políticos de centro izquierda
luchan, a lo sumo con moderado éxito, por conseguir ganancias incre-
mentales para los de abajo, y la mejor política es la que no pide más de
lo que la mayoría acomodada está dispuesta a dar. La brecha entre la
teoría y la política es particularmente grande y deprimente en las comu-
nidades con diversidad racial o étnica; las mayorías siguen siendo re-
nuentes a ayudar a los pobres que tienen marcadas diferencias con ellas.1
Es importante, con todo, insistir en la discusión para importunar a las
personas de posición acomodada, sobre todo cuando, como creo que
sucede en nuestros días, su egoísmo deslegitima la política que les per-
mite estar en esa posición. Como mínimo, no debe permitírseles pensar
que tienen de su lado tanto la justifi cación como el egoísmo.
Las teorías de la justicia distributiva son sumamente artifi ciales en un
aspecto más. Se apoyan mucho en el artefacto de la fantasía: antiguos
contratos fi cticios, negociaciones entre amnésicos, pólizas de seguro que
nunca se redactarán ni venderán. John Rawls imagina a personas que ne-
gocian las condiciones de una constitución política original detrás de
una cortina opaca que oculta a cada cual lo que él mismo realmente es,
piensa y quiere. Yo imagino subastas en islas desiertas que pueden tar-
dar meses en terminar. Sin embargo, este segundo tipo de artifi cialidad
es inevitable. Si hemos de rechazar la política como árbitro fi nal de la

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