Documento 3: Para después del triunfo. Ricardo Flores Magón. Regeneración, 28 de enero de 1911 - Sección Documental - Revolución Mexicana y Constitución de 1917 1876 • 1938 - Documentos para la historia del México independiente 1808-1938 - Libros y Revistas - VLEX 690457529

Documento 3: Para después del triunfo. Ricardo Flores Magón. Regeneración, 28 de enero de 1911

Páginas:774-777
 
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“Ya se vea al general Díaz en el Castillo de Chapultepec, en su despacho del
Palacio Nacional, ora en el elegante salón de su modesta casa particular rodeado
de su joven y bella esposa, de sus hijos de la primer mujer, o bien al frente de
sus tropas con el pecho cubierto de condecoraciones conferidas por grandes na-
ciones, siempre es el mismo: sencillo, recto, digno y lleno de la majestad que le
imparte la conciencia de su poder.
Hace pocos días el Secretario de Estado Mr. Root, juzgaba al Presidente Díaz así:
“Creo que de todos los grandes hombres que viven en la actualidad, el general
Porfirio Díaz, es el que más vale la pena de conocer. Sea que uno considere las aven-
turas, atrevimiento y caballerosidad de su juventud, o el inmenso trabajo de gobierno
que han llevado a feliz término su inteligencia, valor y don de mando, o ya sea que
sólo se considere su especialmente atractiva personalidad, no conozco persona alguna
en cuya compañía prefiera estar. Si yo fuera poeta, escribiría poemas épicos; si músico,
compondría marchas triunfales, y si mejicano, consideraría que la lealtad de toda una
vida no sería suficiente para corresponder a los inmensos servicios que ha procurado a
mi país. Como no soy poeta, músico ni mejicano, sino únicamente un americano que
ama la justicia y la libertad, considero a Porfirio Díaz, Presidente de Méjico, como uno
de los hombres a cuyo heroísmo debe rendir culto la humanidad entera.”
Para después del triunfo.
Regeneración, 28 de enero de 1911*
Ricardo Flores Magón
No, compañeros, no hay que dejar, para cuando caiga el tirano, la im-
plantación de los salvadores principios del Partido Liberal. Algunos re-
volucionarios creen que basta con derribar a Díaz para que caiga sobre el pueblo una
lluvia de bendiciones. Otros piensan que es indiferente luchar bajo la bandera de
cualquiera de los dos partidos revolucionarios: pues dicen que lo primero es derribar
al tirano, y que, una vez conseguido esto y hecha la paz, los dos partidos revoluciona-
rios –el Liberal y el Antirreeleccionista– convocarían al pueblo a elecciones, se reuni-
ría un congreso que estudiase el programa del Partido Liberal y se tendría ya listo un
flamante presidente que ejecutase la voluntad del no menos flamante congreso.
*Fuente: Antología: México en el siglo XX, México, UNAM, 1983, pp. 335-538, Lecturas Universi-
tarias No. 22.
1911
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