Bandera roja con franja negra - Querétaro, Sinaí en llamas. Tomo III - Libros y Revistas - VLEX 676651609

Bandera roja con franja negra

Autor:José Muñoz Cota
Páginas:29-40
 
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“Se tomaron dos importantes resoluciones, la primera: agregar a la ‘Casa del Obrero’ la palabra Mundial, en homenaje al principio de solidaridad internacional de los trabajadores, y en homenaje también, al sublime sacrificio de los Mártires de Chicago. La segunda; adoptar la bandera roja y negra como emblema y símbolo de la lucha y aspiraciones de la ‘Casa del Obrero Mundial’.”

Luis Araiza.

El mundo, en general, se transformaba. Los trabajadores, en Europa, iban ganado, paulatinamente sus posiciones. Sabido es cómo, aprovechando un incidente —la Feria Mundial en Londres—, dieron los pasos necesarios para la organización mundial proletaria.30Los obreros pugnaban por reducir sus horas de trabajo, por aumentar sus salarios; pero, entonces, encontraron cerrados los caminos y los capitalistas industriales, en complicidad con las autoridades, trataron de detener esta marcha.

En México, concretamente, primero se organizaron en mutualidades, en simples uniones, huyendo del nombre de sindicato para prevenir las embestidas.

Los clubes de origen liberal se mantuvieron a la sombra y, así, presentaron al frente simples organizaciones para proteger fraternalmente a los agremiados.

Pero la situación económica era desesperante, angustiosa. Se explotaba sin misericordia el trabajo humano incluyendo a las mujeres y a los niños.

En Cananea, por caso, privaban dos salarios: uno para los norteamericanos y otro para los nacionales; las más pesadas tareas se encomendaban a los mexicanos; los extranjeros estaban facultados para vigilar y castigar como capataces a los sufridos obreros.

Ello trajo la huelga como señal y arma de combate. No existiendo, ni remotamente, el derecho de huelga, abandonar el trabajo constituía un acto de rebeldía, punible por cuenta de la policía montada, los rurales, y con la intervención del ejército.

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La huelga significó la primera expresión revolucionaria. Después, Río Blanco revistió el carácter de una epopeya. Multiplicáronse los episodios heroicos. Los trabajadores resistieron valientemente, hasta que fueron diezmados, presos, heridos.31Cananea y Río Blanco no son ni las primeras ni las únicas manifestaciones del coraje popular, materialización por medio de la huelga de la rabia sorda, latido del dolor social. Hubo otras huelgas. Brotes de insurrección.

Un estudio de Juan Hernández Luna señala varias huelgas: la de la Fábrica de San Ildefonso, el 10 de junio de 1865 con la consabida represalia de la fuerza armada y los trabajadores llevados en cuerda a Tlalneplanta y de allí a Tepeji del Río. Los componentes del Club Socialista de Estudiantes, que actúo como cerebro director, quedaron de un lado, mientras que dos extraordinarios personajes —que demanda un estudio completo— Rhodakanaty y Zalacosta —anarquista— se dirigían a Chalco a fundar una colonia agrícola. En enero de 1866 Villanueva y Villavicencio —del Club de Estudiantes— invitaron a los obreros del distrito textil de San Ángel a fundar la Unión Mutua de Trabajadores del Distrito de Tlalpan. Quedaron agrupados los de la Fábrica de Contreras, de La Abeja, de Tizapán y de La Fama Montañesa. Los obreros de esta última abandonaron el 8 de julio de 1866 el trabajo y el día siguiente los trabajadores, que constituían la Unión Mutua de Trabajadores del Distrito de Tlalpan, secundaron la huelga.

“Dirigidos por Villanueva y Villavicencio los huelguistas formularon a los patrones las siguientes peticiones: que se dé un mejor trato a los trabajadores y no se abuse de las obreras; que se use mejor materia textil y se aumenten los salarios; que se establezca el comercio libre en el pueblo de Contreras; que las mujeres sólo trabajen doce horas para que puedan atender a las labores del hogar; que se pague jornal a los menores de edad; que los operarios y empleados cubran libremente sus cuotas de índole privada y se respete el libre derecho de los artesanos haciendo ver que ‘el respeto al derecho ajeno es la paz’.”32Benito Juárez, presidente, falló en su favor.

En este ensayo —respaldado por la erudición del autor— se menciona también a Julio Chávez y la insurrección de Chalco, pasaje tan poco conocido de quienes nos interesamos por la Revolución Social en México.

Rhodakanaty fundó en Chalco —fines de 1865— una escuela que llamó La Escuela de la Razón y del Socialismo o Escuela Moderna y Libre.

La enseñanza se basaba en los textos de Proudhon y de Fourier.

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“Por las mañanas concurrían los niños, que semidesnudos, temblando de frío y de hambre, recibían alimento y vestido, aprendían el a, b, c del castellano y ‘las primeras nociones de libertad’. Por las tardes, después de terminadas sus pesadas faenas en las haciendas más próximas, asistían los peones o campesinos, a quienes se les orientaba por medio de pláticas y de conferencias en el socialismo de Fourier y en el anarquismo de Proudhon. Se enseñaba también a los campesinos a hablar en público a sus compañeros de campo haciéndoles preparar discursos y conferencias.

Lo que Rhodakanaty y Zalacosta se proponían concretamente con esta escuela, era preparar un grupo de campesinos que iniciaran en Chalco una revolución agraria en contra de los hacendados y terratenientes de aquellos lugares.”

En la proclama de Rhodakanaty se decía:

“Pueblos: ¡No más gobiernos! ¡Abajo las tiranías! ¡Paso a la garantía social!

El gobierno es el desorden; luego una sociedad sin gobierno es una sociedad de orden.”

La orientación continuada de Rhodakanaty y de Zalacosta forjaron al líder Julio Chávez López —¿dónde está su biografía completa?—, quien ya en 1868, orador vehemente, escritor acerado, condensó así su fórmula de lucha:

“Soy socialista porque soy enemigo de todos los gobiernos y comunista porque mis hermanos quieren trabajar las tierras en común”.

Aprovechando los planes conspirativos del general Miguel Negrete contra Benito Juárez, fue a Puebla a recabar armas. En 1869 lanzó el Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México, en cuyo texto, muy largo, decía entre sus argumentos:

“Infinidad de años y de siglos hemos caminado penosamente agobiados por el cansancio, por la miseria, por la ignorancia y por la tiranía, y el día de la venganza sagrada es con nosotros.

¿Qué poseemos sobre la superficie del universo, los que vivimos clavados en el trabajo? ¿A quién deja beneficio el sudor de nuestras frentes, las lágrimas de nuestros ojos, el dolor de nuestras espaldas, el cansancio en nuestros brazos, la fatiga en nuestros pies y la angustia en nuestros corazones? ¿Quién ha pensado alguna vez en recoger lo que siembra, cuando todo se nos arrebata?

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Los que se han aprovechado de nuestra debilidad física, moral e intelectual, se llaman latifundistas o terratenientes o hacendados. Los que pacientemente nos hemos dejado arrebatar lo que nos corresponde, nos llamamos trabajadores o proletarios o peones. Los peones hemos entregado nuestras vidas e intereses a los hacendados y éstos nos han sometido a los mayores abusos; han establecido un régimen de explotación por el que estamos condenados a no disfrutar de la vida. ¿En qué consiste el régimen de explotación establecido? Es un sistema que exclusivamente se dirige a mancillar la existencia de un peón. Nuestros padres fueron comprados por la hacienda, al precio de un real diario de jornal y como no era posible poder subsistir con un real, porque en los mercados establecidos en las haciendas se compraban los artículos a los precios más exagerados...

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