El aborto en el mapa mundial - El aborto: guerra de absolutos - Libros y Revistas - VLEX 582635002

El aborto en el mapa mundial

Autor:Laurence H. Tribe
Páginas:180-218
 
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IV. EL ABORTO
EN EL MAPA MUNDIAL
EL ABORTO es una opción a la que han recurrido personas de
todos los tiempos y todos los lugares, con o sin consentimien-
to religioso, autorización legal o supervisión médica. El antro-
pólogo George Devereux ha concluido que “el aborto es un fe-
nómeno totalmente universal”.1
La interrupción del embarazo es una práctica que significa
diferentes cosas para diferentes personas; un acto cuya rele-
vancia ha ido cambiando conforme se ha convertido en motivo
de preocupación de sucesivos grupos de actores sociales. Aun-
que nuestra sociedad ahora basa la discusión sobre el aborto
en términos de derechos individuales y se polariza a partir de
demandas aparentemente irreconciliables —el derecho de la
mujer a la privacidad y la autonomía frente al derecho de un
feto a la vida—, y pese a que las personas que han asumido
una posición en el debate sean sobre todo legisladores, organi-
zaciones femeninas, médicos y grupos religiosos, éste no es el
caso en muchas otras sociedades.
Al igual que nuestro análisis de la historia estadunidense
sobre el aborto en el capítulo anterior, esta mirada al trata-
miento que dan al tema distintos grupos y países puede tener
un propósito doble. Primero, entender en concreto que otros
grupos ven el aborto de maneras muy diferentes a la nues-
tra puede propiciar un nuevo acercamiento a nuestra propia
comprensión de algunas implicaciones de las distintas solu-
ciones posibles a la cuestión del aborto.
Segundo, veremos en algunos casos que los cuentos con
moraleja que las sociedades se cuentan a sí mismas acerca del
aborto, es decir, historias que incorporan a sus normas éticas
1 George Devereux, “A Typological Study of Abortion in 350 Primitive, An-
cient and Pre-Industrial Societies”, en Harold Rosen (ed.), Abortion in America,
1967.
EL ABORTO EN EL MAPA MUNDIAL 181
o legales, tienen el propósito de servir a las necesidades, apa-
rentemente absurdas, de dichas sociedades. De hecho, como
ocurrió en los Estados Unidos en el siglo XIX, incluso la misma
identidad de los participantes en el debate sobre el aborto pue-
de revelar mucho sobre los motivos tácitos de preocupación
que subyacen a una u otra política hacia éste. Aunque la opi-
nión que la mayoría tenemos acerca del aborto, ya sea provida
o proelección, o una mezcla de ambas, no son racionalizacio-
nes obvias para las políticas que sirven a intereses no relaciona-
dos con el aborto, nuestras ideas sobre la manera correcta en
que la sociedad estadunidense debe tratar este tema pueden re-
flejar opiniones sobre las necesidades de la sociedad que guar-
damos, a veces ocultas, en lo profundo de nuestro ser.
UN VISTAZO A LAS SOCIEDADES ÁGRAFAS
Algunas actitudes primitivas hacia el aborto tal vez sobreviven
en los diversos enfoques adoptados al respecto por las relati-
vamente pocas sociedades ágrafas que existen hoy en áreas
aisladas del mundo. En muchos casos, la investigación antro-
pológica no nos dice tanto acerca de la ley como de la costum-
bre, la cual se deduce con frecuencia de casos individuales de
aborto observados. Aun así, la labor de los antropólogos revela
que los miembros de tales grupos abordan el tema de diversas
maneras, y distintas consideraciones pueden justificar la inte-
rrupción de un embarazo. Por último, el tratamiento del abor-
to en estas sociedades parece reflejar sus necesidades pragmá-
ticas por lo menos tanto como refleja sus preocupaciones
morales o metafísicas.
En algunas culturas, la decisión de interrumpir un emba-
razo corresponde estrictamente a la mujer. Por ejemplo, entre
los miembros de la tribu kafir en Asia Central no hay tabú o
restricción alguna respecto del aborto.2 Sin embargo, esta ac-
titud parece ser una excepción. Ya sea que esté justificado en
algunas situaciones o no, parece que, en general, la mayoría
de las culturas lo considera un “acto indebido”. No obstante,
2 Ibid., pp. 144 y 145.
182 EL ABORTO EN EL MAPA MUNDIAL
es difícil a veces separar la opinión de una sociedad sobre sus
propias prácticas de los juicios de valor que les asignan los in-
vestigadores occidentales que informan al respecto.3
Es posible que las altas tasas de mortalidad materna por
parto en sociedades ágrafas tengan injerencia en la justifica-
ción del aborto. En algunas sociedades las mujeres optan por
éste, o son obligadas a abortar, porque son demasiado jóvenes,
demasiado viejas, demasiado pequeñas o están demasiado en-
fermas para tener hijos.4 Por otro lado, los métodos primitivos
para interrumpir el embarazo también pueden presentar un
riesgo significativo para la salud de la mujer, lo cual parece
explicar algunas restricciones culturales a la disponibilidad
del aborto. Algunas sociedades, en las que esto puede ser un
motivo de preocupación, han creado elaboradas supersticio-
nes alrededor de los efectos de esta práctica en la salud de las
mujeres.5
La presión económica es un aspecto del debate sobre el
aborto, documentado por igual en las sociedades más tradi-
cionales y en las más desarrolladas. Las preocupaciones sobre
el intervalo entre un nacimiento y otro son legítimas en socie-
dades nómadas que practican la caza y la recolección, dado
que una madre se ve sumamente limitada por el número de
hijos que puede alimentar y transportar a la vez.6
Algunas sociedades ágrafas imponen el intervalo entre na-
cimientos a través del tabú contra la actividad sexual de las
mujeres durante el embarazo y la lactancia.7 En estas socieda-
des, las mujeres pueden elegir abortar, o ser presionadas para
hacerlo, a fin de evitar un largo periodo de abstinencia sexual,
o se les puede exigir que aborten si han violado el tabú.8
3 Ibid., p. 133.
4 Ibid., pp. 106 y 107.
5 Ibid., pp. 133 y 134.
6 Frank Sussman, “Child Transport, Family Size, and Increase in Human
Population During the Neolithic”, Current Anthropology, 13 (1972), pp. 258 y
259.
7 George Devereux, op. cit., p. 114; Saucier, “Correlates of the Long Post-
partum Taboo: A Cross-Cultural Study”, Current Anthropology, 13 (1972),
pp. 238-240.
8 George Devereux, op. cit., p. 114.

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