Ra zi ts'unt'u dängandä (Le petit prince en otomí). Antoine de Saint-Exupéry. Traducción de Raymundo Isidro Alavez - Núm. 62, Diciembre 2012 - Revista Trace - Libros y Revistas - VLEX 440081786

Ra zi ts'unt'u dängandä (Le petit prince en otomí). Antoine de Saint-Exupéry. Traducción de Raymundo Isidro Alavez

Autor:Verónica Kugel
Páginas:80-82
 
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reseña
compte rendu
D.R. © 2012. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. México, D.F. ISSN: 0185-6286.
TRACE 62 (Diciembre 2012): págs. 80-82 www.cemca.org.mx
Ra zi ts’unt’u dängandä (Le petit prince en otomí)
Antoine de Saint-Exupéry. Traducción de Raymundo Isidro Alavez
Hmunts’a Hem’i - Centro de Documentación y Asesoría Hñähñu/Liceo Franco Mexicano A.C./
Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA)
México 2012
95 págs con dibujos a color del autor
Verónica
Kugel
Son pocas las obras que se consideran literatura universal. El Principito de
Antoine de Saint-Exupéry sin duda alguna está muy arriba en las preferencias
de los lectores, siendo uno de los libros más traducidos y con los mayores
tirajes en el mundo. Entre las versiones “oficiales” contabilizadas por la
casa editorial Gallimard y las demás, catalogadas en las páginas web de
coleccionistas en varias partes del mundo, suman alrededor de 200 lenguas
y variantes de lenguas. Los tirajes sólo pueden estimarse (134 millones de
ejemplares según Wikipedia).
En México nos habíamos quedado atrás: El Principito solamente podía
leerse en español y en maya yucateco. Desde 2012 también puede leerse
en hñähñu, la variante del otomí que se habla en el Valle del Mezquital,
estado de Hidalgo, bajo el título Ra zi ts’unt’u dängandä, que se traduce
literalmente como “El muchachito de gran prestigio”.
El otomí es una de las lenguas más antiguas de lo que hoy es México. Se
habla en siete estados: Hidalgo, Estado de México, Querétaro, Guanajuato,
Tlaxcala, Puebla y Veracruz. Su presencia en las grandes ciudades como
el Distrito Federal, Pachuca, Toluca, Querétaro, pero también Guadalajara
y Monterrey, así como en los EEUU, por ejemplo en Clearwater, Florida,
es notable. El último censo del INEGI arroja 285 000 hablantes de otomí,
aunque estimamos aproximadamente que existe el doble por razones que
no cabe explicar aquí. El Valle del Mezquital concentra la mayor parte de la
población hablante del hñähñu, en torno a Ixmiquilpan y en menor grado
Actopan. Como cualquier idioma, el otomí tiene variantes dialectales; esta
traducción corresponde a la del Valle del Mezquital, aunque seguramente se
leerá sin dificultades significativas en el Estado de México y Querétaro. Mu-
chos padres de familia ya no enseñan el hñähñu a sus hijos por considerarlo
de menor prestigio que el español. Uno de los propósitos de esta traducción
que tuve el gusto de coordinar, es que contribuya a aumentar el prestigio del
hñähñu para propios y ajenos, coadyuvando a que se conserve la lengua.
Como suele ser el caso, la publicación de este libro fue una aventura
en muchos sentidos. La idea, espontánea, la tuvo Jacques Galinier al con-
versar con alguien que ya tenía una amplia experiencia en la traducción
de obras literarias del español al hñähñu y que además lee el francés: el
maestro Raymundo Isidro Alavez, quien ya contaba en su currículum con
las traducciones de La visión de los vencidos de Miguel León Portilla, El
llano en llamas de Juan Rulfo y Aura de Carlos Fuentes.

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