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La transformación de la ideología democratacristiana: trascendiendo a la izquierda y a la derecha, o ¿qué le ocurrió a la Tercera Vía?

Autor:Paul E. Sigmund
Cargo del Autor:Profesor de política en la Universidad de Princeton
Páginas:101-117
 
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III. LA TRANSFORMACIÓN DE LA IDEOLOGÍA
DEMOCRATACRISTIANA: TRASCENDIENDO
A LA IZQUIERDA Y A LA DERECHA,
O ¿QUÉ LE OCURRIÓ A LA TERCERA VÍA?
PAUL E. SIGMUND
UNA de las características distintivas del pensamiento social cristiano desde
el siglo XIX ha sido su pretensión de ofrecer una posición intermedia entre
los extremos del individualismo liberal y el socialismo colectivo. Ahora que
la tercera vía se ha convertido en parte de la retórica de Tony Blair, Bill
Clinton y Gerhard Schroeder, esta pretensión no parece novedosa. Durante
el apogeo de la democracia cristiana en Europa y Latinoamérica, sin em-
bargo, parecía proporcionar un nuevo enfoque para la organización de la
economía y de la sociedad. Este capítulo describirá la evolución y la in-
uencia del pensamiento de la tercera vía en el pensamiento social católico
y en la ideología y política democratacristiana. Más especí camente, segui-
rá el desarrollo de la creencia en un plan detallado distintivo para la socie-
dad moderna ofrecido por la tradición católica y su más reciente decadencia
como resultado de cambios habidos en Europa y Latinoamérica que debili-
taron su atractivo ideológico y su apoyo electoral. Se sostendrá que poco
queda de lo que al principio pareció ser un programa y una ideología dis-
tintivas, con los partidos europeos aferrándose a la uni cación europea y
los latinoamericanos a la “economía social de mercado” como sus carac-
terísticas distintivas, mientras que ambos grupos de partidos hacen vagas
referencias a la “subsidiaridad” como el principio que orienta su enfoque
de la organización de la sociedad.
El ímpetu inicial para el desarrollo de una solución católica de los pro-
blemas modernos fue la necesidad de una respuesta católica a las exigen-
cias de separación de la Iglesia y el Estado y de democracia política que
presentaron los liberales anticlericales en Italia, España y Francia. La res-
puesta inicial del Vaticano fue un rechazo general a la democracia y a las
libertades liberales. En 1864, la encíclica Quanta Cura de Pío IX denunció
las ideas de libertad de palabra y de culto como “enajenación mental” y
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“balbuceo injurioso” y concluyó con una compilación de anteriores decla-
raciones papales, El Sillabus de Errores, de los cuales el más conocido fue la
a rmación de que era un error creer que “el Pontí ce Romano puede y debe
reconciliarse y transigir con el progreso, el liberalismo y la civilización mo-
derna” (Carlen, 1981, pp. 381-385; Bettenson, 1960, p. 382; Sección X del
Sillabus, “Errores del liberalismo moderno”).
El sucesor de Pío IX, León XIII, tomó un punto de vista un poco menos
negativo. En su encíclica de 1885, Inmortale Dei, reconoció que “en ciertos
tiempos y bajo ciertas leyes”, la participación popular en el gobierno puede
ser útil y, a pesar de una oposición general al liberalismo —al que llamó “el
sombrío producto de la pretensión sin límites del hombre por innovar”—,
aceptó la tolerancia religiosa en los casos en que es necesario tolerar “lo
que no se aviene a la verdad y la justicia para evitar algún mal o conservar
algún bien mayor” (León XIII, 1885, núms. 23, 36). De mayor importancia
fue la Rerum Novarum, la encíclica de León XIII sobre las condiciones del
trabajo, publicada en 1891. Criticaba tanto al liberalismo como al socialis-
mo y rea rmaba la base de la propiedad privada en la ley natural, a la vez
que argumentaba la responsabilidad social al usarla. También defendía el
derecho del trabajador a un salario que le permitiera vivir dignamente; de-
fendía el derecho a formar sindicatos (de preferencia católicos), y pedía que
se apoyara a “sociedades particulares”, grupos intermediarios entre el indi-
viduo y el Estado (O’Brien y Shannon, 1992, pp. 14-38).
La encíclica daba el apoyo papal al incipiente movimiento sindical ca-
tólico en Europa central, y a la vez re ejaba y reforzaba ideas que estaban
siendo desarrolladas por los partidos católicos surgidos en Bélgica, Holan-
da, Alemania y Austria-Hungría. Puede decirse que es el documento fundador
del catolicismo social, aunque sus críticas al liberalismo y al socialismo
fueron in uidas por los precedentes medievales en la teoría (los escritos de
santo Tomás de Aquino, que en 1879 habían sido reconocidos por León XIII
como la base de la enseñanza  losó ca católica) y en la práctica (el “salario
justo” de los gremios medievales y otros grupos corporativos).
Stathis Kalyvas (1996, pp. 167-221) analizó el ascenso de los partidos
in uidos por el catolicismo en la Europa de  nales del siglo XIX, como un
esfuerzo de los laicos católicos, más que de la jerarquía eclesiástica, por
valerse de la organización política para oponerse a las amenazas a las escue-
las católicas que representaban el Kulturkampf de Bismarck, y los esfuerzos
liberales en otros lugares por secularizar la educación. También documen-
tó las dudas que la jerarquía eclesiástica tenía sobre los partidos católicos y

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