El tedio del campo a los 14 - Trabajo o servicios forzados - A mí no me va a pasar - Libros y Revistas - VLEX 682303025

El tedio del campo a los 14

Autor:África Barrales
Páginas:45-48
 
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45
A MÍ NO ME VA A PASAR
II
El tedio del campo a los 14
Por África Barrales
Desde que llegó al municipio de Vanegas con su familia, hace cua-
tro meses, Jeni, de 14 años, tiene que estar lista a las siete de la
mañana. Se viste con una blusa de manga larga, sudadera con ca-
pucha, pantalón de mezclilla, una gorra y tenis: su uniforme de
trabajo en el campo. Llena una botella de agua y ayuda a preparar
el “lonche” para la hora de la comida.
La camioneta que maneja su papá sale a las 7:40 de la maña-
na del albergue para jornaleros agrícolas de la Secretaría de Desa-
rrollo Social, que se ubica en la cabecera municipal.
El lugar tiene una cancha de basquetbol en el centro, a un
costado hay un edificio de dos pisos con cuartos. Enfrente y al lado
hay construcciones de un piso con más cuartos, baños, regaderas y
cocina. Ahí se alojan los trabajadores y las familias que laboran en
los ranchos cercanos.
La ventaja es que ahí no dan renta, el único pago son 50 pesos
semanales para la limpieza de las instalaciones. Pero esa cuota no es
suficiente para tener a raya una plaga de chinches en los colchones.
Jeni y sus cuatro hermanas amanecían con ronchas por todo el cuer-
po luego del festín que se daban estos insectos con su sangre.
Esas condiciones insalubres fueron reportadas a los respon-
sables del albergue, incluso su abuela y su mamá cazaron a los di-
minutos bichos y llenaron una bolsa de plástico para demostrar
que el lugar estaba infestado. La respuesta fue fumigar pero no
sirvió, las chinches —escondidas en la tela de los colchones— con-
tinuaban alimentándose de las niñas cada noche.
Se fumigó por segunda vez y el milimétrico ejército no retro-
cedió. La familia de Jeni optó por sacar los colchones al lugar más
alejado de sus cuartos.

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