Sistema de derechos humanos y sistema penal; convergencias y disidencias - 40 años, 40 voces - Libros y Revistas - VLEX 745101605

Sistema de derechos humanos y sistema penal; convergencias y disidencias

Autor:María Eloísa Quintero
Páginas:221-234
 
ÍNDICE
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El Instituto Nacional de Ciencias Penales festeja en 2016 cuatro décadas de vida. Han pasado 40 años desde que el Inacipe abrió sus puertas a la academia, a la formación y a la profesionalización de ministerios públicos, peritos, policías, expertos, profesionales independientes e interesados en las ciencias penales. En lo personal, ha sido un privilegio el poder atestiguar el trabajo de diez años del Inacipe. Desde 2007 soy investi-

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gadora titular del Instituto y años antes me desempeñé como docente.

Para este libro nos han pedido algunas "voces" que den cuenta de lo que es el Inacipe y de lo que importante que ha sido en la evolución jurídica de México. Ilustrar todo lo logrado por el "homenajeado" porque resumir tantos años, tantas actividades y recuerdos en apenas unas cuantas líneas me resulta una tarea difícil.

Me viene a la mente la época cuando en el Inacipe impartimos el primer curso de formación para los funcionarios de la recién creada SETEC; fue un desafío interesantísimo. Fue desde ese periodo 2008-2009 que el Inacipe se consolidó como referente en el tema del nuevos sistema de justicia penal y pionero en la formación de funcionarios y profesionales, capacitando a miles de personas, como bien lo destacan las referencias a esas actividades plasmadas en los informes anuales de quienes en su momento fueron los responsables de la dirección del Instituto: Gerardo Laveaga Rendón y Álvaro Vizcaíno Zamora. A ellos les reconozco el trabajo que hicieron a favor del Inacipe.

No olvido las miles de horas de trabajo y debate para redactar las versiones sobre códigos procesales penales que se gestaron en esta casa magna y que fueron puestas a disposición de la PGR y del Congreso. El Inacipe también creó iniciativas de ley (entre ellas la famosa "miscelánea penal", la ley de lavado de dinero, las reformas al tipo penal de pornografía infantil, etc). En lo personal tuve el honor de redactar -a pedido de la PGR- la iniciativa de la Ley Federal de Extinción de Dominio, así como el borrador de ley que luego pasó a formar parte de la iniciativa que se aprobó como Ley General de Víctimas.

Recuerdo los proyectos en los cuales la Procuraduría General de la República nos ha convocado; los congresos, cursos y convenios con instituciones de México, así como las embajadas de diversos países en México, universidades e instituciones académicas del mundo. Es importante mencionar la participación que año con año realizaba Inacipe en la Academia Iberoamericana de Criminalística y Ciencias Forenses (AICEF), las reuniones del Comité Académico de Profesionalización (CAP), el desarrollo de las maestrías modelos y los protocolos de actuación y manuales que aquí se crearon.

Destacable fue el año en que nos convertimos en Centro Público de Investigación, durante la gestión de Rafael Estrada Michel, actual director del Inacipe, colega y amigo que ha aportado calidad académica, carácter y entrega en cada uno de los proyectos del Instituto. Para ilustrar la meritoria gestión de Don Rafael Estrada basta con señalar que desde 2012 la producción editorial del Instituto se incrementó casi en un 300 %. En 2015 se publicaron más de 80 libros entre títulos impresos y electrónicos; en este sentido, es importante destacar que los libros electrónicos han sido una prioridad para la dirección de publicaciones, con el in de llegar a un público mucho más amplio. También debe reconocerse al equipo de funcionarios que acompañan al Dr. Estrada Michel, y uno de ellos es mi gran amigo Jorge Martínez Iglesias.

La calidad académica y el nombre del Inacipe no se sostendrían sin el intercambio constante con tantos colegas de universidades e instituciones de diversos países, principalmente de Amé-rica y Europa. En lo personal siempre encontré buena disposición en los directivos del Inacipe, para invitar a los máximos exponentes del Derecho penal; así fue como en junio de 2007 tuvimos

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el honor de recibir al Prof. Dr. Günther Jakobs, y en esa y en otras oportunidades invitamos a Manuel Cancio Meliá, Alex Van Weezel, Omar Palermo, Miguel Polaino Orts, Miguel Polaino Navarrete, Jorge Perdomo Torres, Yesid Reyes Alvarado, José Caro John, Rodolfo Vigo, Máximo Sosso, Javier Sánchez Vera Gómez Trelles, Ottavio Sferlazza, Antonio Ingroia entre muchos otros que han impartido sus conocimientos en el Inacipe, como es el caso de Giovanni Falcone, Eugenio Raúl Zafaroni, Luigi Ferrajoli, Carlos Castresana, Klaus Roxin, Luis Arroyo Zapatero, Elías Neuman, y muchos otros.

Escribo estas palabras llena de gratitud al recordar todo lo que he tenido la dicha de ver y experimentar como maestra e investigadora en esta casa académica. Escribo estas líneas como un pequeño agradecimiento para el gran Instituto Nacional de Ciencias Penales, que por su naturaleza y dimensión es único en Iberoamérica.

Introducción

Mucho se ha hablado sobre la relación entre Derechos humanos y Derecho penal;1el vínculo es estrecho; la interconexión necesaria. Existe abundante bibliografía sobre el papel de los Derechos humanos en la consolidación del Estado de Derecho, sobre todo tras dictaduras militares y conlictos armados internos.2También doctrina sobre la orientación y límites que imponen los Derechos humanos a la Criminología. Ya en la década de los

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ochenta el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) brindó informes y recomendaciones puntuales sobre la situación en América Latina. Zafaroni, siguiendo la línea que había esbozado como coordinador de las jornadas del IIDH, planteó entonces una "... propuesta para la criminología latinoamericana, que puede merecer o no la denominación de ‘marco teórico’, según el criterio que se adopte para conceder esa ‘dignidad’, pero que nosotros llamamos realismo criminológico marginal, en el cual los Derechos Humanos resultan indispensables no sólo para establecer la estrategia, sino como estrategia misma".3No pretendemos relexionar sobre ello. Consideramos que en la actualidad, resulta necesario hacer algunos pasos hacia atrás, para abordar el tema desde otra perspectiva. Es decir, abandonar el plano de esas ramas (Derechos humanos y Derecho penal) para analizar las convergencias y diferencias de los sistemas a los cuales éstos pertenecen: el sistema de derechos humanos y el sistema penal. Es esto lo que proponemos.

Siendo ello así nos permitimos aclarar que, por Sistema penal entendemos el "conjunto de agencias que operan la criminalización (prima-ria y secundaria) o que convergen en la producción de ésta". En ese tenor hacemos referencia a "sistema en el elemental sentido de conjunto de entes, de sus relaciones recíprocas y de sus relaciones con el exterior (o ambiente)".4Utilizamos la expresión como concepto madre, aceptando que en éste coexisten a su vez diversos "subsistemas" como el procesal, el penitenciario y el penal en sentido estricto -dentro de él, el Derecho penal-, y cada uno con sus elementos, cuerpos normativos, instituciones jurídicas y agencias.

Por otro lado, al hablar de sistema de derechos humanos nos referimos al conjunto de elementos, normas y autopoiesis (mecanismos de autocontrol y autogeneración)5que componen el ámbito de los Derechos humanos; consideramos que el concepto abarca los sistemas universal e interamericano de Derechos humanos, con sus consecuentes reglas, normas, instrumentos, cortes, comisiones y otros, así como lo pertinente en el ámbito local.

Partimos entonces de la siguiente premisa: no basta con analizar la conexión entre Derechos humanos y Derecho penal, sino que el análisis debe plantearse de sistema a sistema. Urge un estudio inminente al respecto. Las razones son sobradas; a modo de ejemplo: nuestros ordenamientos deinen conjuntamente a las víctimas de uno y otro ámbito, regulamos su reparación y determinamos los daños con instituciones, alcances y contenidos que se entremezclan (véase la Ley General de Víctimas, de México). Por otro lado, dictamos instrumentos sobre trata de personas, tortura, tratos crueles e inhumanos, desaparición forzada, etc., conjugando las reacciones e instituciones de ambas perspectivas. Esa si-

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tuación genera -en algunos- una lectura sincrética de las problemáticas, que se traduce en soluciones de iguales características. Los resultados no siempre son positivos; a veces se percibe una retroalimentación gratiicante, mientras en otros casos se desdibujan límites y diferencias infranqueables; por ello, en los próximos párrafos intentaremos relexionar al respecto.

Relaciones y convergencias

Antes de estudiar las relaciones y convergencias entre el Sistema de los derechos humanos y el Sistema penal, nos parece necesario realizar un paréntesis para aclarar algunos puntos, pues como se sabe, la locución "Derechos humanos" no es pacíica.6El concepto suele utilizarse como sinónimo de derechos del hombre,7del individuo humano, de derechos fundamentales, derechos individuales, o incluso, derechos naturales;8su uso y signiicado dependerá del locutor y del contexto en cuestión. Tampoco existe un único fundamento. Es importante determinar el concepto del cual se parte, así como la base fundante que se les reconoce, pues de ello dependerá la postura que se adopta al momento de generar su protección; en otras palabras, si se coincide en la deter-minación del fundamento, se podrá entonces definir los derechos se protegen y la forma de darles garantías9. No pretendemos entrar en debate; partiremos de una idea consensuada: hablar de derechos humanos equivale a airmar que existen derechos fundamentales inherentes a la persona por el hecho de ser tal. Ahora bien, sus implicaciones y alcances son discutibles. Con ánimo de resumir10podríamos remarcar que, en términos generales, se airma que los Derechos humanos surgieron como una forma de imponer límite y control al poder estatal; mientras en otros contextos se desarrollaron como...

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