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Sembrando ideas: explicación de los orígenes de los partidos democratacristianos en Latinoamérica

Autor:Kirk A. Hawkins
Cargo del Autor:Postulante al doctorado en ciencias políticas en la Universidad Duke
Páginas:118-170
 
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IV. SEMBRANDO IDEAS: EXPLICACIÓN DE LOS ORÍGENES
DE LOS PARTIDOS DEMOCRATACRISTIANOS
EN LATINOAMÉRICA
KIRK A. HAWKINS*
EL EJEMPLAR del 27 de julio de 1966 de la revista chilena Ercilla publicó una
entrevista con el entonces presidente Eduardo Frei, en la que éste dio su
versión de los inicios del PDC chileno:
Justo después de que ingresamos a la Escuela de Leyes, porque de ahí es de
donde proviene el grupo que usted ve hoy en día, más grande, enriquecido con
amigos. En ese año de 1928 Bernardo Leighton fue el líder estudiantil que se
levantó antes que el resto de nosotros contra el gobierno de Ibáñez. Nuestro
grupo ya incluía a Manuel Garretón, Ignacio Palma, Jorge Rogers, Manuel Sán-
chez, Tomic y Bernardo. Pero además de nuestros ataques contra ese prolonga-
do accidente del gobierno del general, siempre tuvimos una actitud crítica hacia
los partidos políticos [Larson, 1967, pp. 28-29].
Los inexactos recuerdos de Frei,1 junto con una variedad de otros tro-
piezos menores y excesos políticos cometidos por los líderes del PDC, moti-
varon una pronta y severa respuesta detallada del padre Óscar Larson, je-
suita y ex director de la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos
(ANEC), la cual fue publicada como relato autobiográ co en 1967. En su res-
* Agradezco a varios amigos y colegas sus valiosos comentarios y sugerencias al preparar
este análisis. Entre los que ayudaron están Robert Keohane, Herbert Kitschelt, Peter Lange,
Scott Mainwaring, Tim Scully, Brad Gómez, Gregory Schmidt, Naudy Suárez y mi querida
amiga Eliza Tanner. También agradezco el apoyo institucional proporcionado por el Instituto de
Ciencia Política de la Universidad Católica de Santiago, Chile; el Instituto de Ciencia Política
de la Universidad del Estado de Montevideo, Uruguay, y el Instituto de Estudios Superiores de
Administración (IESA) de Caracas, Venezuela. La investigación original fue posible por gene-
rosos donativos de la Escuela de Posgrado de la Duke University y de la Tinker Foundation.
1 Por ejemplo, en 1928, Frei y sus colegas apenas estaban empezando el bachillerato y no se
conocían entre sí; muchos de los fundadores de la Falange Nacional y del PDC no estudiaron
en la Escuela de Derecho y algunos ni siquiera estuvieron en la misma universidad; además,
el levantamiento contra Ibáñez ocurrió unos cuantos años después (Larson, 1967, pp. 29-30).
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puesta, el padre Larson les recordó a Frei y a muchos de sus colegas que
sus verdaderos inicios como democratacristianos fueron en la ANEC, donde,
como estudiantes católicos de 1928 a 1934, estudiaron la nueva doctrina
social de la Iglesia bajo la guía de sacerdotes. Fueron los esfuerzos cons-
cientes de enseñanza y organización de parte del padre Larson, con el res-
paldo de sus superiores y progenitores ideológicos, y no alguna iniciativa
espontánea de parte de estudiantes recién ingresados a la universidad, los
que juntaron a estos futuros democratacristianos y les dieron sus primeras
experiencias en el activismo social y en los estudios de política pública.
Aparentemente, el padre Larson sugería que el tiempo y la conveniencia
política de hacer un llamado más secular habían oscurecido la memoria y
el sentido de gratitud de Frei (Larson, 1967).
A pesar de los temores del padre Larson, ni los historiadores ni los cole-
gas lo olvidaron, gracias en parte a la publicación de su apología (Araneda
Bravo, 1981; Gazmuri, 1996). La verdad es que los esfuerzos del padre Larson
como predicador, practicante y organizador de una joven generación en lo
que se re ere a la doctrina social, no fueron los únicos. Un pequeño núme-
ro de sacerdotes (muchos de ellos jesuitas) en varios países latinoameri ca-
nos intentaron divulgar la nueva doctrina social enseñando y organizando
a miembros laicos de la Iglesia, en particular jóvenes universitarios, así como
poner en práctica la doctrina directamente mediante trabajo social. El pa-
dre Manuel Aguirre Elorriaga en Venezuela, el padre Fernando Vives Solar
en Chile, el padre Jorge Murcia Riaño en Colombia, el obispo Ma nuel de
Andrea en Argentina y monseñor Mariano Rossell y Arellano en Guatemala
se encuentran entre los más conocidos (SIC, 1969; Luque, 1986; Larson,
1967; Araneda Bravo, 1981; Bidegaín de Urán, 1985; Kennedy, 1958; Ben-
daña Perdomo, 1996; Calder, 1970). Al participar en este proceso de enseñan-
za y proselitismo, cada una de estas personas y sus colegas pusieron en
práctica lo que el padre Aguirre Elorriaga en Venezuela consideró su lema:
“Siembra ideas y cosecharás hechos” (SIC, 1969).
Sin embargo, muchos académicos de los Estados Unidos, en sus análisis
y descripciones de los partidos democratacristianos en Latinoamérica, han
cometido el mismo error de concentrarse en los líderes políticos, con exclu-
sión de los individuos que estaban detrás de ellos: los clérigos que dedica-
ron parte de sus vidas a difundir la doctrina social. Esta omisión no es sólo
una inexactitud histórica, sino también una oportunidad perdida para en-
tender cómo nacen los partidos (en particular los ideológicos) y la clase de
efecto que pueden tener en la política unos pocos hombres dedicados y con
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los recursos adecuados. En este capítulo analizaré los orígenes de los parti-
dos democratacristianos en Latinoamérica en un esfuerzo por responder a
la pregunta ¿por qué algunos partidos democratacristianos se formaron an-
tes que otros? Al hacerlo así, me ocuparé de lo que considero son las expli-
caciones comunes de los orígenes de los partidos democratacristianos —la
modernización socioeconómica y la fuerza de la Iglesia católica—, explica-
ciones que tienen el efecto irónico de minimizar el papel desempeñado por
los sacerdotes. El análisis comparativo revela que estos factores no tienen
por sí solos un efecto importante y predecible sobre la formación de los
partidos. Más bien, el factor individual más importante en la formación de
los partidos son los esfuerzos selectivos y a veces pequeños de personal o -
cial de la Iglesia por difundir la doctrina social y organizar a los miembros
laicos en torno a ella. Esta respuesta y la teoría de la formación del partido
ideológico de la cual se derivó serán de interés para todos los dedicados al
estudio de la política de partidos y no sólo para los que quieren entender la
democracia cristiana en Latinoamérica.
En este capítulo primero ofrezco el contexto histórico y empírico para
la pregunta objeto de investigación que ya mencioné y luego bosquejo una
teoría de la formación de los partidos democratacristianos que muestra
una estructura más detallada, deductiva y matizada para confrontar las ex-
plicaciones que ya existen. Después pongo a prueba esta teoría por medio
de una serie de análisis estadísticos. Concluyo con el estudio de los casos de
Chile, Venezuela, Uruguay y El Salvador, que ejempli can y explican los re-
sultados de los análisis estadísticos y destacan el efecto importante que los
recursos y el personal de la Iglesia desempeñaron a menudo para alentar la
formación de partidos difundiendo la doctrina social.
EL ACERTIJO DE LA FORMACIÓN DE PARTIDOS
La democracia cristiana arribó al Nuevo Mundo a principios del siglo XX.
Casi desde sus comienzos el movimiento fue una respuesta a los problemas
creados por la industrialización capitalista. Al igual que sus contrapartes
europeas, los democratacristianos en Latinoamérica propusieron reformas
socioeconómicas generales basadas en la doctrina social católica, un con-
junto de ideas inspirado por dos encíclicas papales, la Rerum Novarum
(1891) y la Quadragesimo Anno (1931), y por los escritos de  lósofos católi-
cos franceses como Jacques Maritain. El programa democratacristiano

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