Las perversiones sexuales como enfermedades y como delitos - Núm. 0, Julio 2007 - Criminogenesis - Libros y Revistas - VLEX 72244920

Las perversiones sexuales como enfermedades y como delitos

Autor:Guadalupe Gómez Mont Urueta
Cargo:Investigadora y Directora de Desarrollo y Turismo Social de la Secretaría de Turismo.
Páginas:195-229
 
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La plasticidad de las pasiones humanas, es decir, la posibilidad de que el hombre satisfaga sus pasiones con diversos objetos y que sienta pasiones por una gran variedad de ellos, demuestra que el ser humano carece de un regulador biológico natural de las mismas o, lo que es lo mismo, que tiene libertad respecto de ellas. Esto hace patente la necesidad de principios y reglas morales (incluidas en ellas las reglas jurídicas) que encaucen las pasiones y emociones de modo que sirvan al perfeccionamiento de la persona.

Jorge Adame en Filosofía social para juristas.

Algo anda mal en la cultura occidental para que en los diversos países se tenga que legislar la vida íntima de las personas, pues, sobra decirlo, el ámbito de las relaciones sexuales sólo debería competir a los individuos que intervienen en ellas. Sin embargo, algunas prácticas sexuales han despertado y despiertan no sólo aproximaciones ideológicas, pasiones físicas, sino controversias legislativas.

En este artículo haremos la exposición de los aspectos jurídicos que se enlazan con la sexualidad humana y la conflictiva de su tipificación.Page 196

Adelantándonos algunos pasos, por el momento señalaremos que el Derecho tiene como propósito proteger un bien jurídico, así sea éste abstracto, como la moral y las buenas costumbres, o tangible, como la integridad física y mental de las personas. La legislación mexicana, respecto de los llamados delitos sexuales, presenta serias inconsistencias que en muchos casos pueden significar la franca intromisión de la vida privada. Y al revés. Existen conductas que son sancionadas penalmente en otros países, mientras que en el nuestro ni siquiera se contemplan (como ejemplo tenemos la práctica de la bestialidad o zoofilia). Si el Derecho concibe a los ciudadanos como seres con plena capacidad de discernir y actuar, ¿por qué surge la necesidad de entrometerse en sus deseos, emociones y sentimientos? Ciertamente existen prácticas sexuales que nos muestran el deterioro de la vida sexual, por ello no se cuestiona que la Ley castigue a quien inflige un daño a otra persona en contra de su voluntad, como sería el caso del delito de violación, pero sí que intervenga en asuntos privados, como en el adulterio (derogado en el Código Penal del Distrito Federal más no en Código Penal Federal), cuando comprende, cierto, conductas de engaño entre mayores de edad, pero que no son suficientes para encerrar en prisión a quien sólo causó dolor en el alma.

La materia sexual siempre nos puede llevar a extremos o sinsabores, pero castigarla al amparo de la Ley también puede significar venganza o impunidad gracias a las lagunas jurídicas. Ella, a la vez, por sus mismos ámbitos de realización, genera criterios desuniformes no sólo entre los diversos países sino entre los distintos estados que conforman nuestra República. Por ejemplo, en los códigos penales estatales existe consenso en tres delitos sexuales: lesiones, prostitución y violación y asalto sexual; el primero, a la vez, lleva implícito el concepto de "daños a las funciones del organismo o miembros del cuerpo en general"; sin embargo, se evidencia una laguna jurídica importante, dado los casos de lesiones específicos a los órganos sexuales, especialmente de mujeres cuando son atacadas o agredidas sexualmente. La complejidad de la tipificación de los delitos sexuales en las distintas entidades se debe a que es materia de moral, de ideología, de política y de tradición cultural; todo impide el establecimiento de un criterio a partir de cual se hermanen las legislaciones en esta materia. Por ahora se puede ser necrófilo en Guanajuato y Chiapas sin incurrir en delito; cometer incesto en Puebla y Tlaxcala sin temor a ser perseguido por la Ley, o practicar sodomía en entera libertad en trece entidades. Esos mismos comportamientos serían castigados en otros Estados. Por supuesto hay matices,Page 197 cruzamiento de delitos e infinidad de recovecos para castigar o exonerar reales o supuestos delitos. Veamos, pues, de manera más detallada algunos aspectos importantes y complejos en la relación entre el Derecho y la sexualidad. Cabe señalar, que primero abordaremos a los asaltantes sexuales desde de la perspectiva de su enfermedad y, cómo a partir de ella, entran en al ámbito del Derecho. Posteriormente se hará referencia a ciertas conductas sexuales mórbidas y su catalogación como delitos.

Perversión sexual como enfermedad:

Es importante establecer que los estudios psiquiátricos explican de mejor manera el origen de las conductas propias de los delincuentes sexuales. Por ello retomaremos algunos aspectos psicológicos con el propósito de comprender la relación entre perversión y enfermedad. D. W. Winnicott realiza un estudio muy importante sobre los trastornos de la personalidad y origen de las conductas antisociales. Como resultado de un largo trabajo realizado en diversos centros penitenciarios, explica que el carácter es una manifestación de una integración lograda; en cambio, un trastorno del carácter es una deformación de la estructura yoica, es decir, es el intento de un individuo de adecuar sus propias anormalidades o deficiencias en el desarrollo, para avenirse a una pauta personal de angustia, compulsión, modalidad, temperamento, recelo y poder relacionarse con los requerimientos y expectativas del ambiente inmediato.

La deformación de la personalidad se produce entonces, cuando el niño necesita adecuar cierto grado de tendencia antisocial. Y esta tendencia siempre nace de una deprivación, la que representa el reclamo del niño de volver, por detrás de ella, a la situación reinante cuando todo iba bien. Al adecuar su propia tendencia antisocial, el niño tal vez la oculta, y desarrolla una reacción activa contra ella o se siente agraviado y adquiere un carácter quejumbroso, o se especializa en tener ensueños diurnos, mentir, orinarse en la cama, chuparse el pulgar, frotarse los muslos en forma compulsiva o evidenciar una masturbación crónica. Asimismo, puede manifestar periódicamente su tendencia antisocial por intermedio de un trastorno de la personalidad, siempre compulsivo y asociado a la esperanza, que consiste en robar, agredir y destruir. Así, los trastornos de la personalidad se refieren a una deformación de la personalidad intacta provocada por los elementos antisociales que contiene. A la larga, el elemento antisocial es el que determina la intervención de la sociedad (familia, escuela), la cual debe hacer frente al desafíoPage 198 de sentir agrado o desagrado por ese carácter y su trastorno. En consecuencia, se pueden dar dos deformaciones extremas dentro de este proceso y ambas se relacionan con la etapa de maduración durante la cual la falla ambiental sometió en verdad, a un esfuerzo excesivo, la capacidad defensiva del yo:

  1. - En un extremo está el ocultamiento por el yo de las formaciones de síntomas psiconeuróticos (disposición relacionada con la angustia propia del complejo de Edipo). En este caso la enfermedad oculta es una cuestión de conflicto dentro de lo inconsciente personal.

  2. - En el otro extremo está el ocultamiento por el yo de las formaciones de síntomas psicóticos (escisión, disociaciones, deslizamientos fuera de la realidad, despersonalización, regresión y dependencias omnipotentes). En este caso la enfermedad oculta está en la estructura yoica.

    Añade Winnicott que, además, existe en los trastornos de la personalidad otro elemento más: la percepción correcta por el individuo, en un momento de su temprana infancia, de que al principio todo iba bien o suficientemente bien, pero luego todo marchó mal. "En otras palabras, el individuo percibe en un momento dado, o a lo largo de una fase evolutiva, que hubo una falla afectiva en el soporte del yo que sostenía su desarrollo emocional. Esta perturbación provocó en él una reacción que ocupó el lugar del simple crecimiento. Los procesos de maduración quedaron obstruidos por una falla del ambiente facilitador".2

    De esta manera explica el surgimiento de la conducta antisocial y delictiva, pero, también, explica el origen de trastornos de la personalidad que desembocan en las perversiones sexuales. En resumen, atrás del niño antisocial siempre hay una falla del ambiente, sea familia, escuela, sociedad y el daño que se le causa en el proceso de su socialización debe ser reconocido y reparado de alguna manera. En otras palabras, las perversiones sexuales son el producto de un trastorno psicológico y éste es sinónimo de inmadurez, específicamente de inmadurez en el crecimiento emocional del individuo, y que incluye la involución de su capacidad para relacionarse con las personas y con el ambiente en general. Para Winnicott, el trastorno psicológico y las categorías de inmadurez personal pueden darse en tres categorías:Page 199

  3. - La psiconeurosis: que abarca los trastornos de los individuos que en las etapas tempranas de su vida recibieron cuidados suficientemente buenos como para hallarse, desde el punto de vista de su desarrollo, en condiciones de afrontar las dificultades inherentes a una vida en plenitud y de fracasar, hasta cierto punto, en sus intentos de contenerlas. Aquí se da la depresión reactiva, relacionada con los afanes destructivos que acompañan los impulsos amorosos en las relaciones entre dos cuerpos (básicamente entre el bebé y la madre), y la psiconeurosis, relacionada con la ambivalencia, o sea con la coexistencia del amor y del odio, propia de las relaciones triangulares (básicamente, entre el niño y los padres). Desde el punto de vista de la experiencia, estas relaciones son a la vez heterosexuales y homosexuales, en proporciones variables. También, y desde el mismo punto de vista, desembocan en formas raquíticas de la manifestación amorosa, como son las perversiones sexuales.

  4. - La psicosis: en donde algo anduvo mal en la experiencia temprana durante la asistencia del bebé, provocando una perturbación en la estructura básica de su personalidad. Esta falla pudo darse...

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