La expresión oral en la vida cotidiana - El arte de hablar y escribir. Experiencias y recomendaciones - Libros y Revistas - VLEX 444219754

La expresión oral en la vida cotidiana

Autor:Raúl Rojas Soriano
Páginas:43-58
 
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Capítulo IV
La expresión oral
en la vida cotidiana
1. El refinamiento de la expresión verbal no lo debe cui-
darse en el medio académico sino, igualmente, en la vida
cotidiana, con el propósito de seducir a través de las pala-
bras a nuestros interlocutores. Para ello aprendamos de
los demás; rememoremos lo que experimentamos cuan-
do ciertos sujetos nos abruman con su perorata o con
una plática tediosa; debemos, pues, afanarnos por de-
jar una buena impresión tanto por el contenido como
por la forma de expresar los pensamientos.
En el primer caso, para conseguir ser buenos conver-
sadores es preciso contar con la materia prima indis-
pensable. Por tal razón se requiere ampliar nuestros
horizontes intelectuales leyendo periódicos y revistas
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científicas y políticas, al igual que asistiendo a confe-
rencias y acercándonos a individuos que poseen expe-
riencias o información sobre los asuntos que nos
interesa enriquecer, para que nuestra conversación sea
relevante.
Respecto al modo de exteriorizar las ideas procure-
mos superar la pobreza del lenguaje, las construcciones
rebuscadas o disonantes, el uso de muletillas (“este”,
“entonces”, “¿no es así?”, etcétera). De la misma forma,
evitemos en la charla comentarios o datos superfluos,
lugares comunes o frases trilladas.
Asimismo, si nuestra voz carece de la sonoridad an-
helada, es dable educarla para que la amenidad se revele
plenamente a través de las palabras. Es menester acom-
pañar las locuciones con los ademanes y gestos apro-
piados para que de manera sutil, pero categórica, se
refuerce la expresión oral, cuidando siempre que el cuer-
po entero se desenvuelva con naturalidad, en tanto que
mediante él se expresa la emotividad o el sentido en el
que se pronuncian los pensamientos.
Además, observemos las reacciones de nuestros
interlocutores para no cansarlos o aburrirlos con referen-
cias innecesarias o expresiones verbales y corporales fue-
ra de contexto. Debemos mirar siempre a los ojos de los
otros dialogadores, y si son muchos tratemos de que todos
reciban nuestra atención a través de la mirada, para que
la relación que se establezca con ellos sea más cálida.
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