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El nuevo derecho penal electoral en México: aproximaciones críticas

Autor:Jacobo Alejandro Domínguez Gudini
Cargo del Autor:Profesor de Derecho Electoral en la Universidad Veracruzana y en la Universidad de Xalapa
Páginas:17-38
 
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CAPÍTULO PRIMERO
EL NUEVO DERECHO PENAL ELECTORAL EN MÉXICO:
APROXIMACIONES CRÍTICAS
Jacobo Alejandro Domínguez Gudini*
Sumario: I. ¿Pólvora o leyes?: de la familia revolucionaria al poder institucional; II.
Ladrón que roba a ladrón: Una tipología de los delitos electorales; III. Nueva Ley,
viejos problemas; IV. ¿Más castigo da mejor democracia?; V. Bibliografía.
I. ¿Pólvora o leyes?: de la familia revolucionaria al poder institucional
Aunque nosotros compar timos la idea de que la democracia mexicana tiene una
génesis histórica poco ortodoxa y que la emisión del voto está plagada de irre-
gularidades casi folclóricas,1 lo cierto es que es un lugar común iniciar este catálogo
con una explicación sobre el México postrevolucionario, forma y fondo de nuestro
pasado reciente.
En otras palabras, para acometer la explicación del estado actual de la legislación
mexicana contra la comisión de los delitos electorales, es preciso hacer un bosquejo
del génesis del sistema político posterior al cúmulo de movimientos sociales, golpes
de estado y revueltas militares que los historiadores ociales denominan como
Revolución Mexicana y que signó, a partir de los inicios de su consolidación durante
la segunda década del siglo pasado, la vida política de México.
* Profesor de Derecho Electoral en la Universidad Veracruzana y en la Universidad de Xalapa. Consejero Electoral
del Instituto Electoral Veracr uzano.
1 Algunos historiadores arman que en México hay raíces muy profundas de fraudes y delitos electorales. Para la
Elección a las Cortes de Cádiz en 1812, las crónicas de la época relatan que “la votación se hizo […] con el mayor
desorden: no sólo no se calicó si los que se presentaban a votar eran o no ciudadanos, y si estaban en el ejercicio
de los derechos de tales, según las distinciones odiosas que en la Constitución se habían establecido y de que no
se hizo caso ninguno, sino que los mismos individuos votaron en diversas parroquias y secciones: diose dinero a los
cargadores de las esquinas para que repartiesen las papeletas con los nombres de los electores, y por ellas votaban los
aguadores y muchachos sin saber siquiera los nombres que contenían, y otros reriéndose al voto de los mismos
que andaban en estos manejos y que estaban presentes en las mesas electorales. Por resultado de todo esto, el
triunfo de los americanos fue completo, no habiendo salido un solo elector europeo, y con tal uniformidad en la
votación, como que era el resultado de las papeletas repartidas, que ninguno de los cuatro electores del Sagrario
salió con menos de cinco mil votos: parroquias hubo en que el número de votos excedió al de vecinos.” ALAMÁN, Lucas.
Historia de México., Ed. Facsimilar, México, 1850.
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Muchos coinciden en armar que el momento decisivo que marcó el principio
del modelo mexicano de sistema político que predominó hasta cerca de nales
del siglo pasado, fue el cálculo del entonces hombre fuerte del país, el general
Plutarco Elías Calles, sobre la necesidad de organizar el reparto del poder político
sobre bases más civilizadas que las carabinas 30–30 que eran en ese entonces
el recurso más utilizado por militares facciosos y cacicazgos regionales para tal
n. Era un contexto en el que, como lo describe Luis Javier Garrido “el principal
obstáculo para la consolidación del nuevo régimen, seguía siendo sin embargo la
falta de unidad del grupo gobernante. Los dirigentes políticos del país estaban pro-
fundamente divididos y como los caudillos militares, se mostraban incapaces de
superar sus ambiciones personales y de coordinar esfuerzos para desarrollar un
proyecto nacional”.2
En el n de su mandato, en las circunstancias descritas arriba que se vieron agravadas
ante la agitación política que supuso el asesinato del Presidente recién electo, el
también militar Álvaro Obregón, el presidente Calles promovió la creación del
Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente primario del hoy Par tido
Revolucionario Institucional (PRI), organización que de acuerdo a Cossío Villegas,3
integró junto con la Presidencia de la República uno de los ejes principales del
sistema político nacional de la postrevolución; su brazo político electoral.
Uno de los protagonistas de esos momentos, el Ex Presidente Emilio Portes Gil re-
lata en sus memorias: “Calles sugirió que la organización de un par tido de carácter
nacional serviría para constituir un frente revolucionario ante el cual se estrellarían
los intentos de la reacción. Con este se lograría a la vez, encauzar las ambiciones de
los políticos al disciplinarse todos al programa aprobado de antemano, se evitarían
los desórdenes que se provocaban en cada elección y poco a poco con el ejercicio
democrático que se fuese realizando, las instituciones irían fortaleciéndose hasta
llegar a la implantación de la democracia”. 4
Esta postergación del ideal democrático contribuyó a generar la percepción
de que el Poder era el resultado del triunfo en el campo de batalla y no de los
resultados de los procesos electorales, lo que permeó la cultura política de la
2 GARRIDO, Luis Javier. El Partido de la Revolución Institucionalizada, S.E.P. Siglo XXI
Editores; México D.F. 1986. Pág. 63.
3 COSSÍO VILLEGAS, Daniel. El sistema político mexicano, las posibilidades de cambio;
Edit. Joaquín Mortiz, México. 1987. Pág. 21.
4 PORTES GIL, Emilio. “Quince años de política mexicana”; citado en Garrido; supra;
Pág. 81.

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