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Yo no soy víctima de trata: fui víctima

Autor:Pablo Zulaica
Páginas:205-220
 
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A MÍ NO ME VA A PASAR VI
Yo no soy víctima de trata:
fui
víctima
Por Pablo Zulaica
La historia de Flor Molina, superviviente de trata laboral, es de esas
cuyo final quisiera uno escuchar más a menudo. Primero se dan una
serie de necesidades, esas necesidades la exponen a un engaño y
Flor se convierte en víctima de una pequeña red de trata de perso-
nas. Después de un tiempo de abusos encuentra la fuerza necesaria
para irse, se libra de su yugo y deja atrás su condición de víctima.
—Yo no soy víctima. Lo fui, pero ya no soy. Soy una sobre-
viviente de trata.
Flor es, desde entonces, una sobreviviente de trata. Ella com-
prende de inmediato su nueva misión y se convierte en activista.
Con los años pasan cosas —un salón lleno de agentes del FBI le
aplaude en pie tras contarles su experiencia; John Kerry, el secreta-
rio de Estado del país vecino, lee su nombre en el Congreso; etcéte-
ra— y hacen que Flor se quede pensativa. Recuerda los doce años
que han pasado desde que empezó a rehacer su vida y también a
informar sobre la trata, recuerda cuando le fallaron las fuerzas y
recuerda a alguien que le dijo: “Si no lo haces tú, Flor, ¿entonces
quién lo hará?”
Creyente fervorosa, Flor apenas nombra a Dios un par de ve-
ces en una hora cuarenta de conversación, y sabe que cada persona
se hace fuerte en torno a sus propias convicciones y a su propia
fe, sea la que sea. Sabe que la lucha por los derechos laborales
está llena de leyes, de firmas y de tecnicismos, y sin embargo, ella
comienza y termina su relato con un par de alusiones que, en esta
historia, sirven para entender algunos hechos y dan nombre a esa
fuerza necesaria que le nace y que la ha traído hoy hasta aquí.
Al principio del relato Flor cuenta que cada vez que entraba
a misa en su comunidad de la Sierra Norte de Puebla le pedía a
Dios que la llevara a Estados Unidos. Como estaba urgida de dine-
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ro, no hablaba inglés y la oportunidad del viaje le llegó sin tiempo
para poder pensarlo demasiado, recordó la lectura en la que el Se-
ñor pone a Tobías bajo la protección del arcángel San Gabriel, de-
seó lo mismo para ella y se encomendó al arcángel viajero. Hoy se
sorprende de ver que, aunque aquello salió mal, tanto ése como los
otros dos deseos que tuvo se le concedieron. Quería papeles —“yo
no sabía cuáles, pero quería mis papeles”— y hoy los tiene; pidió
no cruzar por el desierto —“soy muy mala para caminar”— y se
libró de ello. Al final de su relato, Flor dirá que para ella, la forma
en que logró salir de aquella pesadilla fue un milagro.
Por eso llama la atención que ni siquiera haya mencionado el
dato: poco después de aquella oferta tan prometedora, ya cruzada
la frontera, pasó 40 días encerrada en una fábrica textil de Los Án-
geles, vigilada y bajo rejas, durmiendo tres o cuatro horas diarias,
comiendo en diez minutos y trabajando a menudo y sin aseo más de
doce horas, todo ello bajo amenazas que se harían realidad si ponía
un pie en la calle. El 10 de febrero de 2002, exactamente 40 días
después de conocer la fábrica a la que llegó un día de Año Nuevo,
Flor logró escapar de aquel desierto yermo de derechos laborales
e, igual que hizo Jesús al cabo de su travesía, al día siguiente de esa
cuarentena ella comenzó a compartir su mensaje con el mundo.
Hoy, escuchar a esta exvíctima de trata a la que engañaron
por su necesidad es algo que reconforta. Se conoce de inicio a fin
los casos, las leyes aprobadas, las leyes en proyecto con toda su
palabrería, y de su boca sale una meditada y muy precisa cátedra
sobre derechos laborales y trata de personas. Flor da conferencias
a ambos lados de la frontera y pertenece a dos grupos muy belige-
rantes en materia legal y laboral californiana.
Para ella, la madre de todas las consignas cuando se habla
de trata de personas es no revictimizar a quienes la han sufrido, y
hacerlas, en cambio, parte de la solución. Y a la pregunta de por
qué una víctima de trata no es lo mismo que una sobreviviente
de trata, ella misma, madre de tres hijos, poblana de 42, residen-
te legal en los Estados Unidos y trabajadora de una empresa de

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