La naturaleza de la literatura nacional - 1959 - Alacena de minucias (1951-1961) - Libros y Revistas - VLEX 686545033

La naturaleza de la literatura nacional

Autor:Andrés Henestrosa
Páginas:644-645
 
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ANDRÉS HEN ESTROS A
Y en labios del romántico que siempre fue José Martí temblaba todo el
dolor del mundo.
19 de julio de 1959
La naturaleza de la literatura nacional
Las modalidades de la literatura nacional constituyen un tema de interés per-
manente. Hace cuarenta y seis años, a fines de 1913, don Francisco Gamone-
da organizó, en su Librería General, una serie de conferencias en las que el
problema a exponerse fue la cultura mexicana, con dedicación especial a la
literatura nacional. Hombres de gran prestigio entonces, y que después lo al-
canzaron más elevado, participaron en aquel suceso: Manuel M. Ponce, Pedro
Henríquez Ureña, Luis G. Urbina, Federico Gamboa y Jesús T. Acevedo. La
mayoría coincidió en algunos rasgos distintivos del alma mexicana: la malicia
epigramática y la melancolía fueron señalados por Urbina como constantes
a lo largo de su desarrollo, amén de otras notas secundarias. Ponce atribuyó
carácter melancólico a la música mexicana y algo muy curioso, se refiere a su
concordancia con las horas crepusculares, en que suele oírsela, es decir, a una
suerte de proyección sentimental. Henríquez Ureña, de manera más categó-
rica y rigurosa, fundando sus afirmaciones en graves razonamientos, definió la
manera de ser del mexicano, en análogas consideraciones, que no por reitera-
das pierden valor.
Algo extraño y es lo que me propongo señalar, es que ninguno de aquellos
tres conferencistas; Urbina, en la conferencia “La literatura mexicana”, pri-
mera de la serie, ni Ponce en su “Música popular mexicana”, ni Pedro Hen-
ríquez Ureña en “El mexicanismo de Alarcón” recuerdan que Vicente Riva
Palacio, en una digresión contenida en la semblanza de Alfredo Bablot –Los
ceros, 1882– había dicho: “El fondo de nuestro carácter, por más que se diga,
es profundamente melancólico; el tono menor responde entre nosotros a esa
vaguedad, a esa melancolía a que sin querer nos sentimos atraídos; desde los
cantos de nuestros pastores en las montañas y en las llanuras, hasta las piezas
de música que en los salones cautivan nuestra atención y nos conmueven,
siempre el tono menor aparece como iluminando el alma con una luz cre-
puscular.” Juicio éste en el que se pueden ver las palabras clave en todas estas

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