La naturaleza de lo femenino en la cosmovisión indígena - 19a Ofrenda al Día Mundial de Nuestra Madre Tierra - Libros y Revistas - VLEX 698161441

La naturaleza de lo femenino en la cosmovisión indígena

Autor:Edith Fragoza Mar
Páginas:63-70
 
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La naturaleza de lo femenino en la cosmovisión indígena
Edith Fragoza Mar
Dice un dicho indígena:
“No confíes en el hombre al que no lo acompaña la presencia y el amor de una mujer.
El pensamiento religioso de los pueblos de Mesoamérica tenía como fundamento la con-
cepción de la Madre Tierra; esta esencia sagrada tenía diferentes advocaciones que se interre-
lacionaban entre sí. Como otros pueblos, los mexica identificaban una matriz divina o celeste
de la que procedían los dioses, en este caso era Omecihuatl o Tonacacihuatl, quien se trans-
forma en Coatlicue. La simultaneidad de lo celeste, de lo telúrico, de la vida y de la muerte.
De aquí se conforman las deidades coadyuvantes que se enlistan como Chalchiuhtlicue: la
del poder de las aguas terrestres, la de la falda de piedras hermosas, la muy venerable que tie-
ne el poder absoluto sobre las aguas de ríos y mares, la que hace tempestades, la que provoca
torbellinos, la que hunde los navíos, pero también nutre la tierra para tener nuestro sustento.
Asimismo, nuestra amadísima Chalchiuhtlicue era evocada como Chalchihuhtlatonac cuan-
do en el nacimiento le era presentado el recién nacido para ser bañado por sus aguas.
Recordemos a la ancestral Chicomecoatl “siete serpiente”, la de los mantenimientos.
Advocación del maíz, conocida como Xilonen “señora de las mieses y todo género de le-
gumbres y cimientes”, a la cual le cantaban para que despertara y fuera a nuestro paraíso el
Tlalocan, donde se encontraban las fuerzas de la fertilidad, la transmutación energética en lo
divino, lo astronómico, en el mundo, el inframundo, en la abundancia, en la transformación
y en la resurrección o reencarnación:
Siete mazorcas, ya levántate, despierta
¡Ah, nuestra madre! Tú no nos dejarás huérfanos tú te vas ya a tu casa, el Tlalocan.1
1 Bernandino de Sahagún. Aapéndice II, tomo IV.

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