Mural de la Alameda Central - 1959 - Alacena de minucias (1951-1961) - Libros y Revistas - VLEX 686544777

Mural de la Alameda Central

Autor:Andrés Henestrosa
Páginas:619-620
 
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Nada echaré de men os. Todo estará de más:
la dulzura infin ita del dolor no expresado,
la cosecha madu ra, los frutos en a graz.
De risas y de lá grimas seré al fin liberado,
uno de tantos domin gos, por el portón de atrás.
Pobre Ernesto Albertos Tenorio. Yo no te conocí. Tu nombre sólo una
que otra vez tuve ante mis ojos. Pero siento como mías las penas que sólo la
muerte pudo acabar. Como dijo Salomón de la Selva, ante su amigo muerto.
Aunque no sangro, siento la herida que a tu cuerpo dio descanso.
15 de marzo de 1959
Mural de la Ala meda Central
Cada vez que voy al desayunador del Hotel del Prado, y miren que voy dia-
riamente, me detengo a contemplar el hermoso mural de Diego Rivera que
representa la Alameda Central. Se trata de una preciosa página literaria, dicho
sea sin equívocos, ya que constituye uno de los grandes trozos de la pintura
mexicana. Una página elocuente, transida de emoción mexicana, resplande-
ciente de símbolos y metáforas coloridas. Un poco anacrónica, es cierto, pues
reúne acontecimientos y personajes de distintas épocas, en un mismo plano.
Lo que, naturalmente, en nada afecta su grandiosidad y belleza. Contemplan-
do ese mural se me agolpan muchos recuerdos, muchas sugerencias, todas
referidas al pintor y a la historia nacional. De hecho ese fresco es una lección,
un discurso sobre la vida mexicana. Con lo cual Diego no hacía otra cosa que
continuar una tradición de siglos de nuestra plástica: la pintura mural precor-
tesiana registra más de un caso. Quienes afearon a Diego el prurito de trasla-
dar a los muros los hechos de nuestra vida colectiva, ilustrándolos con textos
literarios, más que censurarlo se diría que lo elogiaban al reconocer en su obra
la continuación de una manera ilustre del arte mexicano.
Volvamos al muro del Hotel del Prado. Cuando el artista lo realizó hace
unos lustros, era una manera de recreo verlo trabajar hasta muy altas horas de
la noche. Recuerdo que una vez al salir de un concierto de la Sinfónica Mexi-
cana, nos detuvimos un grupo de amigos a conversar con el artista. Sentado
AÑO 1959
ALACE NA DE MINUCI AS 619

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