¿Son la moralidad y la identidad personal productos de la autoconstitución? Dos objeciones a Self-Constitution de Korsgaard. - Vol. 58 Núm. 70, Mayo - Mayo 2013 - Dianoia - Libros y Revistas - VLEX 476766074

¿Son la moralidad y la identidad personal productos de la autoconstitución? Dos objeciones a Self-Constitution de Korsgaard.

Autor:Hiller, Fernando Rudy
 
EXTRACTO GRATUITO

Resumen: En Self-Constitution. Agency, Identity, and Integrity (2009), Christine Korsgaard defiende la conclusión de que el imperativo categórico rige la acción humana porque es el único principio que permite alcanzar la unidad psíquica plena, la cual, según Korsgaard, es un prerrequisito esencial para la acción efectiva. Para los agentes humanos, alcanzar esa unidad--que consiste en hacer coherentes distintos impulsos hacia la acción--es una actividad constante, denominada "autoconstitución". De acuerdo con Korsgaard, ésta es la fuente originaria de la normatividad y de las identidades prácticas e incluso de la identidad personal. Después de exponer las ideas centrales del libro, presento dos objeciones: primero, critico la equiparación del imperativo categórico con la autoconstitución exitosa, pues no toda falla de autoconstitución es una falla moral. Segundo, argumento que la tesis de que la identidad personal es producto de la autoconstitución es problemática y que, al defenderla, Korsgaard confunde identidad práctica con identidad personal.

Palabras clave: imperativo categórico, acción, identidad personal, unificación, normatividad

Abstract: In Self-Constitution. Agency, Identity, and Integrity (2009), Christine Korsgaard argues that the categorical imperative rules human action because it is the sole principle that allows us to reach the complete psychic unity that, Korsgaard thinks, is an essential prerequisite for effective action. Reaching this unity--which consists in making cohere diverging impulses for action- is for human agents a constant activity called "self-constitution." According to Korsgaard, this activity is the source of normativity, of human practical identities and even of personal identity. After explaining the main ideas of the book, I present two objections. First, I criticize the linkage of the categorical imperative to successful self-constitution, for not every failure of the latter counts as a moral failure. Second, I argue that the thesis that personal identity is a product of self-constitution is problematic and that it betrays a confusion between practical identity and personal identity.

Key words: categorical imperative, action, personal identity, unification, normativity

**********

En su libro más reciente, Self-Constitution. Agency, Identity, and Integrity, Christine Korsgaard da continuidad al proyecto filosófico que comenzó en su primera obra, Las fuentes de la normatividad: fundamentar las obligaciones (morales y no morales) en una concepción de la agencia humana. Digo "humana" y no "racional" porque, como bien señala G.A. Cohen en sus comentarios a Las fuentes de la normatividad, la médula del proyecto korsgaardiano "consiste en mantener el 'debe' que Kant colocó en la moralidad y a la vez humanizar la fuente de la moralidad". (1) Si bien Korsgaard acepta que la característica defínitoria de la agencia humana es la racionalidad, hay una distancia importante entre el proyecto kantiano de fundamentar la moralidad en conceptos a priori de la razón pura y el proyecto korsgaardiano de fundamentar la normatividad en ciertas características--pretendidamente universales--de la agencia humana.

Mientras que en Las fuentes de la normatividad Korsgaard argumentaba que la necesidad de adoptar una identidad práctica básica (la de la humanidad) como fundamento de nuestras identidades prácticas contingentes (hijo, bombero, mexicano, etc.) era la fuente originaria de la normatividad, (2) en Self-Constitution opta por desplazar el peso de la argumentación hacia otro fenómeno primordial de la agencia humana: la autoconstitución. Al inicio de la obra, Korsgaard expone de este modo el tema que la ocupará: "La constricción [de la voluntad] [...] revela algo importante sobre la naturaleza humana, acerca de la constitución del alma humana. Aquello que revela--que la fuente de la normatividad descansa en el proyecto humano de la autoconstitución--es mi tema en este libro." (3) Puesto que, como indica Cohen, Korsgaard no renuncia en modo alguno a la universalidad que Kant colocó en el "debe" moral (o, por lo menos, a una universalidad restringida al ámbito humano), está obligada a sostener que la autoconstitución es un proyecto ineludible para los agentes humanos y, de hecho, así lo hace: a partir de una caracterización del alma humana tomada de Platón y de Kant, en los capítulos 6 y 7 de su libro, Korsgaard explica que ésta se divide en partes y que las personas, antes de poder actuar, deben unificarla. Este fenómeno de unificación del alma humana es lo que se entiende por autoconstitución: "El trabajo de alcanzar la unidad psíquica, el trabajo que experimentamos como constricción, es lo que llamaré autoconstitución." (4)

A lo largo del libro, queda claro que la autoconstitución es un fenómeno primordialmente psicológico. En particular, en el capítulo 6 se nos explica que la autoconstitución se vuelve necesaria debido a que la autoconciencia--característica defínitoria de las personas y que las distingue de los animales--"produce las partes del alma". (5) Lo que debe entenderse por "partes del alma" depende de la caracterización que hace Korsgaard de la agencia en general, esto es, humana y animal. (6)

Los dos elementos básicos que, según Korsgaard, conforman la psicología de la acción son los incentivos y los principios: "Los incentivos y los principios existen en pares naturales, puesto que [los] principios determinan a qué incentivos está sujeta una criatura así como de qué manera responde a ellos." (7) Korsgaard enfatiza que ambos elementos corresponden a la agencia en general, no sólo a la humana, e ilustra esta tesis con un par de ejemplos: si se es una persona cuyo principio es ayudar a los demás, entonces los aprietos de un congénere son un incentivo para actuar; si se es una criatura (un gato, digamos) cuyo principio es capturar pequeños seres escurridizos, entonces los movimientos de un ratón son un incentivo para cazar. La diferencia básica entre los animales y las personas estriba en que, en los primeros, la distinción entre incentivos y principios (o instintos, que es el modo en que Korsgaard denomina los principios en la agencia animal) (8) sólo puede hacerse conceptualmente, dado que en los hechos (es decir, en la experiencia animal) no existe tal: "[E]n el alma animal el trabajo del incentivo y el trabajo del instinto no son fenomenológicamente distintos. Entonces en un animal no humano el sistema psíquico en su totalidad está cerrado y estrechamente entretejido". (9)

Sin embargo, en el caso humano, las personas mismas sí experimentan la distinción entre incentivos y principios: por ejemplo, alguien sujeto al incentivo de comer una hamburguesa puede preguntarse si se comerá o no la que tiene delante, en vez de simplemente devorarla (quizá se refrene si su principio es bajar de peso). De acuerdo con Korsgaard, la característica que permite a los agentes humanos preguntarse si seguirán o no los incentivos que se les presentan es la autoconciencia. (10) Esta abre en el alma humana una "distancia reflexiva" entre los incentivos y las respuestas a ellos: "Es dentro del espacio de la distancia reflexiva donde se plantea la pregunta de si nuestros incentivos nos dan razones [para actuar]. Para responder esa pregunta necesitamos principios, los cuales determinan qué consideraremos como una razón." (11)

Korsgaard señala, siguiendo a Kant, que la razón es la facultad de los principios; por ello, afirma que ésta nace en el espacio psíquico creado por la autoconciencia. (12) En este sentido debe entenderse la afirmación ya citada de que "la autoconciencia produce las partes del alma". Para complementar esta tesis, Korsgaard argumenta que la autoconciencia no sólo hace necesarios los principios racionales para decidir cómo actuar, sino que también transforma los incentivos en inclinaciones. Ello quiere decir que aquéllos dejan de operar causalmente en los agentes humanos (como ocurre en el caso animal): al percatarnos de que estamos sujetos a cierto incentivo, la conciencia de nuestro estado "reifica el incentivo en un tipo de ítem mental", (13) el cual recibe el nombre de "inclinación" y acerca del cual cavilamos si lo satisfaremos o no. Así pues, tanto la parte racional del alma humana (los principios de acción) como su parte apetitiva (las inclinaciones) son producto de la autoconciencia:

La autoconciencia es entonces la fuente de una complejidad psíquica que los otros animales no experimentan, y provoca que la unidad psíquica pase de ser un estado natural a ser algo que se debe alcanzar, una tarea y una actividad. Una vez que somos autoconscientes, el alma tiene partes y, antes de que podamos actuar, ésta debe estar unificada. (14) De esta manera, Korsgaard establece la tarea que enfrenta toda persona, en cualquier época y en cualquier lugar: unificar su mente o su alma para ser capaz de actuar. ¿Cómo llevan a cabo las personas esa tarea? A través de la deliberación. En este punto entran en escena los principios prácticos:

El trabajo de la deliberación práctica es la reunificación, la reconstitución; y la función de los principios que regulan la deliberación--los principios de la razón práctica--es la unificación del yo [...] la función de la razón práctica es unificarnos en agentes que puedan ser los autores de sus acciones. (15) ¿Por qué afirma Korsgaard que, antes de poder actuar, el agente debe estar unificado? Esta es una de las dos tesis que podríamos denominar los axiomas de la filosofía de la acción según Korsgaard: a) "Es esencial al concepto de acción que un agente la lleve a cabo", y b) "Es esencial al concepto de agencia que el agente esté unificado." (16) La idea que está detrás de ambos postulados (y que no parece excesivamente controvertida) es que la atribución de un movimiento como propio de un agente, es decir, como algo que él hace en contraposición a algo que le sucede, depende de que tal movimiento pueda adscribirse al agente como un todo, no a una...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA