La moral y las causas - Primera Parte - Justicia para erizos - Libros y Revistas - VLEX 582180210

La moral y las causas

Autor:Ronald Dworkin
Páginas:94-116
 
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IV. LA MORAL Y LAS CAUSAS
DOS CUESTIONES CRUCIALES
¿Cuál es la causa de que usted tenga las opiniones que tiene sobre lo
correcto y lo incorrecto? ¿De dónde vienen? ¿Qué es lo que produjo en
su cerebro el pensamiento de que la guerra de Iraq es inmoral? ¿O que
no lo es? ¿Las mejores respuestas a estas preguntas convalidan sus opi-
niones? ¿O las recusan? Supongamos que yo le hiciera preguntas para-
lelas sobre sus opiniones científi cas. Usted podría razonablemente res-
ponder: el modo de ser del mundo es la causa de que yo tenga las
opiniones que tengo sobre su modo de ser. Nuestros científi cos se for-
man opiniones sobre la química de los metales a través de un proceso
causal en el que esa misma química tiene un papel importante. Por te-
ner el oro las propiedades que tiene, los experimentos en los que inter-
viene tienen los resultados que tienen. Como esos experimentos tienen
esos resultados, todos los científi cos reconocidos creen que el oro tiene
aquellas propiedades. Creemos que las tiene porque así lo creen los
científi cos reconocidos, y porque ellos mismos nos lo han dicho de di-
ferentes maneras. El producto de esta cadena causal es sorprendente:
la mejor explicación de la causa por la cual sostenemos la mayoría de
nuestras opiniones es también una justifi cación sufi ciente de estas. El
relato explicativo y los relatos justifi cativos están unidos: las mejores
explicaciones de la creencia convalidan la creencia.
¿Se puede recurrir a la misma unión de la explicación y la justifi ca-
ción en el caso de la moral? ¿La verdad sobre la moral del matrimonio
homosexual ha causado en algún aspecto que usted piense lo que piensa
sobre ese matrimonio? Sugerí mi propia respuesta antes, al ridiculizar,
con el nombre de “morones”, la idea de fuerzas morales con poderes
causales. Pero quizás esté equivocado; muchos fi lósofos distinguidos
creen, en efecto, que los hechos morales pueden hacer que la gente
sostenga opiniones morales verdaderas, si bien no se ponen de acuerdo
en el cómo y el porqué. Debemos examinar con mayor cuidado su
punto de vista. Supongamos, sin embargo, que tengo razón: no hay
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interacción causal entre la verdad moral y la opinión moral. ¿No haría
eso que sus opiniones sobre el matrimonio homosexual fueran un mero
accidente? ¿No tendría usted que admitir que aun cuando haya “ahí
afuera” verdades morales en el universo, no tiene posibilidad alguna de
estar “en contacto con” ellas?
No he hecho más que someter a discusión dos hipótesis. La primera
es la hipótesis del impacto causal (HIC). Esta sostiene que los hechos
morales pueden llevar a la gente a forjar convicciones morales que cua-
dran con ellos. Los realistas morales aceptan la HIC y los escépticos ex-
ternos la rechazan. Mi opinión es que en este asunto los realistas se
equivocan y los escépticos externos tienen razón. La segunda es la hi-
pótesis de la dependencia causal (HDC). Esta supone que, a menos que
la hipótesis del impacto causal sea verdadera, la gente no puede tener
razones sólidas para pensar que ninguno de sus juicios morales es una
relación correcta de la verdad moral. Los escépticos externos adhieren
a esta segunda hipótesis. Lo mismo, en apariencia, hacen muchos rea-
listas, porque de lo contrario no mostrarían tanto afán en defender la
hipótesis del impacto causal. Mi opinión es que en este asunto tanto
realistas como escépticos externos se equivocan. Entre las dos hipótesis
hay una obvia e importante diferencia. La HIC incluye una afi rmación
de hechos científi cos: un asunto de física de las partículas, biología y
psicología. La HDC es una afi rmación moral: acerca de lo que cuenta
como una razón adecuada para tener una convicción moral.
LA HIPÓTESIS DEL IMPACTO CAUSAL
Las cosas en juego
Los programas de acción afi rmativa dan preferencia en el ingreso a las
universidades o en el empleo a los postulantes negros y de otras mino-
rías. Supongamos que usted piensa que esos programas no son equita-
tivos.1 ¿Por qué lo piensa? La pregunta es ambigua. Podría signifi car:
¿qué razones podría aducir en defensa de su posición? Así entendida,
reclama un argumento moral. O podría signifi car: ¿cuál es la mejor
explicación causal de por qué ha llegado usted a sostener ese punto de
vista, habida cuenta de que tanta gente de su misma cultura política ha
llegado a la conclusión opuesta? Debemos concentrarnos ahora en esta

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