Introducción

AutorMiguel Ángel Gutiérrez Banegas, María del Rocío González Vázquez, Toe Matsumura Cambrón, Víctor Joel Vallejo Concha, Daniel Cerecedo Hernández
Páginas16-18
Introducción
En los últimos años, instituciones financieras, organizaciones
sociales, empresas del sector privado y el gobierno federal han
llevado a cabo diversos esfuerzos, a fin de desarrollar un sistema
financiero sólido e incluyente. De acuerdo con la Encuesta Nacional
de Inclusión Financiera (ENIF 2018), la inclusión financiera a 2018
muestra que 54 millones, equivalente a 68% del total de adultos,
cuentan con al menos un producto financiero (cuenta de nómina, de
ahorro, tarjeta de crédito, entre otros productos). La densidad de la
inclusión financiera, es decir, el número de adultos con más de un
producto financiero llegó a 35.4 millones de adultos.
Sin embargo, 32% de los adultos del país pueden ser usuarios
de un sistema no regulado (informal). Esto lo hacen ya sea por
costumbre, desconfianza o porque no existen oficinas de
instituciones financieras en su localidad. Los usuarios del sistema
informal se exponen a consumos no planeados, robos, a la pérdida
de valor de su dinero en el tiempo y a algunos beneficios que
podrían tener por ser usuarios del sistema formal (principalmente
seguros).
A escala internacional se señala que la inclusión financiera debe
ir acompañada de programas de educación financiera. La educación
financiera deberá dar a conocer los productos, servicios, beneficios
y posibles riesgos de ser usuarios del sistema financiero del país.
Sobre la educación financiera, la ENIF 2018 presenta los
siguientes resultados: la mayoría de los adultos entiende los
principales conceptos financieros, por ejemplo, 95% de los
encuestados sabe el concepto de intereses; 90%, el concepto de la
inflación; sin embargo, solo uno de cada tres puede calcular un

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