Introducción

AutorGonzalo Altamirano Dimas
Páginas3-4
3
Estudio
Encuestas electorales
I. Introducción
La última elección presidencial mexicana (2012) motivó profundos debates y serias
reflexiones acerca de la influencia que tienen las encuestas en el electorado y, debido a
sus errores, sobre de la regulación a que deberían sujetarse.
Los sondeos de opinión, se sostiene, impactan poco en las decisiones de voto, y los
errores en que incurren las encuestas son constantes.
Se ha afirmado que la regulación de las encuestas debería ser limitada y tener el objetivo
de minimizar el riesgo de que circule información falsa en el espacio público. En México,
aunque se han adoptado las medidas que se estimaron pertinentes, podría llegarse a
dicho objetivo a partir de una política de transparencia vigilada por las autoridades
electorales, que obligue a las firmas encuestadoras a colocar en medios de acceso
público los documentos que se generan como parte del levantamiento de un sondeo de
opinión.
Un acercamiento a las democracias del mundo expone que ninguna prohíbe la
publicación de encuestas durante las campañas electorales (Spangenberg, 2003;
Petersen, 2012). Por el contrario, son inherentes al mosaico electoral y despiertan interés
en votantes, partidos políticos, y los medios de comunicación que las financian y divulgan.
Por ello, despiertan interés y son criticadas con respecto al papel que juegan en las
distintas fases del proceso electoral correspondiente (ya sea federal, estatal o municipal),
particularmente en relación con la influencia que ejercen en las decisiones que toman los
votantes respecto a cómo y por quién votar.
Esta situación se presentó en nuestro país durante la elección presidencial de 2012,
aunque igualmente se ha manifestado en otras democracias del mundo, lo que ha llevado
principalmente a gobernantes y periodistas a exigir una mayor regulación de los sondeos
de opinión que miden las preferencias electorales.
Quienes se manifiestan a favor de una mayor regulación afirman que las encuestas
inducen a que los votantes apoyen al candidato o partido político que las lidera. Y esto
genera que los sondeos de opinión sean susceptibles de usarse como estrategia o
propaganda electoral.
En ocasiones, esto último se expresa de tal forma debido a los errores que se observan
por las cifras que reflejan y los resultados reales de una elección. Sin embargo, las
encuestas influyen poco en el comportamiento y en las decisiones que toma el votante a
la hora de votar. Igualmente, los errores o equivocaciones de las encuestas son
frecuentes, debido a las múltiples fuentes de error a las que están expuestas.
Con esto se deja de manifiesto que las razones para considerar la regulación de las
encuestas van más allá de la influencia que ejercen en los votantes, ni en las
equivocaciones en las que incurren con respecto a los resultados electorales. Si este
fuera el caso, la regulación no tendría sentido, puesto que sabemos que sería muy poco
probable que los sondeos de opinión determinaran el resultado final de una elección.

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