La filosofía del Renacimiento - Lecciones de ética. “Conociendo el proceso histórico” - Libros y Revistas - VLEX 731015765

La filosofía del Renacimiento

Autor:Rubén Pacheco Inclán
Páginas:58-70
 
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El renacimiento del espíritu puramente teorético es el verdadero sentido del renacimient o científico, y en él reside también la congenialidad con el pensar griego que para su evolución ha sido decisivo. La subordinación a objetivos de la vida práctica, ética y religiosa, que había sido el caso en toda la filosofía de la época helenístico-romana y de la Edad Media, decrece más al iniciarse los tiempos modernos, y el conocimiento de lo real aparece de nuevo como objeto privativo de la investigación científica. Pero así como en los orígenes del pensamiento griego, proyéctase este impulso teorético, esencialmente, a la ciencia natural. Por mucho que el espíritu moderno, heredero de las adquisiciones de la postrera antigüedad y de la Edad Media, aparezca frente al hombre antiguo, desde un principio, con más íntima autoconciencia e inserto en las profundidades de su ser, su primera manifestación autónoma intelectual ha sido, sin embargo el retorno a una concepción de la naturaleza, no influida por intereses de otra índole. Hacia allí marcha toda la filosofía del Renacimiento, y en esta ruta ha logrado sus mejores triunfos.

La historia de la filosofía renacentista es, en lo esencial, esta pausada faena de la concepción científico-natural del mundo, partiendo de la renovación humanística de la ciencia griega. Se fracciona, por tanto,

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de acuerdo con ello, en dos períodos: uno humanístico y otro científiconatural. Como línea divisoria entre ambos, puede verse el año 1600. El primero de ellos abarca la lucha de la tradición de intereses histórico-culturales y de actividad literaria, exhiben estos dos siglos, desde un punto de vista filosófico, sólo aquel desplazamiento de ideas precedentes por obra del cual se han preparado las nuevas. El segundo período abraza los orígenes ya autónomos de la moderna ciencia natural y, en su séquito, los grandes sistemas metafísicos del siglo XVII.

Ambas épocas forman un todo en inseparable pertenencia. Pues el motivo que late íntimamente en el movimiento filosófico del humanismo es el mismo impulso de un conocimiento del mundo, radicalmente nuevo que, a la postre, se realiza gracias a la fundamentación y creación teorética de la ciencia natural, pero la manera como esto ocurre y las formas conceptuales en que se lleva a efecto, son tributarias, en lo esencial, de los estímulos que provienen de la recepción de la filosofía griega. La moderna ciencia natural es la hija del humanismo.

El período humanístico

La continuidad en el desarrollo espiritual de la humanidad europea no se revela tan diáfanamente en ningún punto como en el Renacimiento. Tal vez en ninguna época ha sido sentida de modo tan ardiente la necesidad de algo plenamente nuevo, de una reforma íntegra y radical no sólo de la vida teorética, sino también de la sociedad entera; ni ha sido expresada de tan diversa y apasionada manera, como entonces, y ninguna época ha vivido tantos ensayos de renovación, tan audaces y de altos vuelos como ésta. Y, sin embargo, si se observa minuciosamente y no se deja uno engañar por la grotesca autoconciencia, ni por la ingenua jactancia, que están a la orden del día en esa literatura, se advierte que toda esta multiforme corriente no rebasa los marcos de la tradición antigua y medieval, y que sólo aspira, con oscuro ímpetu, a un designio más presentido que claramente conceptuado. Es hasta el siglo XVII cuando fermentan y clarifican estas masas de pensamientos en mutua pugna.

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El Renacimiento humanístico aparece como retorno a la antigüedad clásica, como continuación y perfeccionamiento de aquel extraordinario proceso de adaptación que representa la Edad Media; y si éste tuvo lugar por un movimiento recurrente al del pensar griego, logra ahora su término al llegar a conocer de la antigua literatura griega original, a lo que aún hoy se limita, en lo esencial, nuestro saber.

El conocimiento de los orígenes griegos y la difusión de la cultura humanista provocaron, desde luego en Italia y más tarde en Alemania, Francia e Inglaterra, un movimiento de oposición a la escolástica. Se dirige, por lo que hace al objeto, contra la falsa interpretación de la metafísica griega; por lo que atañe al método, contra la deducción por autoridad que parte de conceptos prefijados; por lo que respecta a la forma, contra la rigidez insípida del latín monacal; y con la rehabilitación, llena de entusiasmo, de las antiguas ideas, con la fresca intuición de una humanidad alegre de vivir, con la finura y gracia de una época artísticamente cultivada, adquiere esta oposición un triunfo vertiginoso.

Lo nuevo que se preparaba en estas luchas por demás divididas, era el resultado de aquel movimiento que se había iniciado con Duns Escoto en el punto culminante de la filosofía medieval, la escisión entre filosofía y teología. Cuanto más la filosofía se constituyó al lado de la teología como ciencia profana independiente, tanto más se vio en el conocimiento de la naturaleza su peculiar tarea. En este camino se encuentran todas las direcciones de la filosofía del Renacimiento, la filosofía debe ser ciencia natural he aquí el santo y seña de la época.

Sin embargo, la realización de este proyecto hubo de moverse, desde luego, en el seno de las ideas tradicionales. Más éstas tenían, como denominador común, el carácter antropocéntrico de la concepción del mundo, que había sido la consecuencia de haber constituido la filosofía como doctrina y arte de vivir. De ahí que tome la filosofía natural del Renacimiento, como punto de partida de su problemática, el puesto del hombre en el cosmos, y la metamorfosis de las ideas que se lleva a cabo en este aspecto bajo el influjo de las invenciones

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y descubrimientos, así como del cambiante estado cultural por ellas provocado, llegó a ser decisivo para la nueva imagen de la cabal concepción del mundo. En este punto se conmovió en lo más hondo la fantasía metafísica, y de aquí sacó sus típicas poetizaciones cósmicas...

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