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Experiencia laboral, identificación de estresores y Burnout en docentes de una escuela secundaria pública para trabajadores del Distrito Federal

Autor:María Teresa Saltijeral
Cargo del Autor:Licenciada
Páginas:161-177
 
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VIOLENCIA DE GÉNERO, JUVENTUD Y ESCUELAS EN MÉXICO: SITUACIÓN ACTUAL Y PROPUESTAS PARA SU PREVENCIÓN
MESA 3
Experiencia laboral, identificación de
estresores y Burnout en docentes de
una escuela secundaria pública para
trabajadores del Distrito Federal
Licenciada María Teresa Saltijeral
Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz”
Introducción
La mayor parte de las actividades profesio-
nales generan algún grado de estrés, por lo
que los profesionales de la docencia no po-
drían estar exentos del mismo, al ser una de
las ocupaciones que enfrentan gran cantidad
de exigencias como parte de su responsabi-
lidad laboral. La Organización Internacional
del Trabajo (OIT) ha señalado que las conse-
cuencias de la globalización y de la economía
mundial han empeorado la situación laboral
y, en consecuencia, incrementado la aparición
de trastornos psicosociales en los trabajadores
debido a la dificultad para enfrentar nuevos
modelos de vida laboral.1
El compromiso académico elemental que
se les exige a todos los docentes en el ámbi-
to de la enseñanza media es el desarrollo de
estrategias de aprendizaje, un esfuerzo físico
y mental continuo, y un adecuado manejo
de las emociones para enfrentar las deman-
1 Juan Somavia (director general de la OIT) “Nuevos riesgos en
un mundo del trabajo en continua transformación”. Notimex,
publicado: 27/04/2010, México D.F.
das y las necesidades de los adolescentes.
Entre sus funciones, les corresponde prepa-
rar los temas a impartir, tener imaginación y
creatividad para que sus clases motiven a los
alumnos, mantener una buena interacción
con éstos para disciplinarlos, presentarse a
reuniones de trabajo, atender a los alumnos
con asesorías individuales, así como las de-
mandas propias de los padres de familia y de
alumnos problemáticos. Del mismo modo,
deben calificar tareas, enfrentar situaciones
o condiciones imprevistas, apoyar las exigen-
cias institucionales para atender a un grupo
cuando un maestro está ausente, desempeñar
dobles o triples jornadas de trabajo –lo cual
los mantiene en contacto con un excesivo nú-
mero de alumnos–, y en el caso de las muje-
res, enfrentar la doble jornada, sumado todo
esto a las malas condiciones de infraestructura
de los espacios educativos y a la ausencia de
recursos, y a las propias demandas laborales
que requieren de una capacitación y actuali-
zación profesional continua (Sandoval, 2001;
Saucedo, 2005; Guzmán, [s/f]). Por todo esto
es entendible que el docente pueda llegar a
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presentar desaliento en su actividad educa-
tiva, al agotar sus recursos de afrontamiento
y manifestar alteraciones en su salud física y
mental, generándose lo que se conoce como
estrés laboral (Ayuso, 2006; Cornejo, 2003).
La Organización Mundial de la Salud consi-
dera que se manifiesta a través de un patrón
de reacciones psicológicas, emocionales, cog-
nitivas y conductuales que se presentan cuan-
do ciertos aspectos del ambiente laboral son
extremadamente difíciles o exigentes para ser
enfrenados por la persona. Lo describe como
“aquellas reacciones que puede tener el indi-
viduo ante exigencias y presiones laborales
que no se ajustan a sus conocimientos y ca-
pacidades que se ponen a prueba para afron-
tar distintas situaciones” (OMS, 2008). Para el
National Institute of Occupational Safety and
Health el estrés en el trabajo es el conjunto de
respuestas físicas y emocionales nocivas que
ocurren cuando los requerimientos del traba-
jo no son compatibles con las capacidades, los
recursos o necesidades de los trabajadores, lo
cual puede conducir a una mala salud.2
Un concepto empleado en la literatura
científica sobre estrés laboral es el síndrome
de Burnout que se traduce como “síndrome
de estar quemado” (Trejo, 2007), el cual es
descrito como una respuesta a un estrés emo-
cional crónico caracterizado por un estado
particular de agotamiento físico, un desgaste
o fatiga psíquica y vivencias subjetivas de ma-
lestar que resultan de un estrés laboral prolon-
gado en personas dedicadas a profesiones que
implican una relación con terceros, y en las que
la ayuda y el apoyo ante los problemas de los
otros es el eje central del trabajo (Ayuso, 2006;
Cornejo y Quiñónez, 2007; Gilberti, 2001).
La diferencia entre el estrés y el Burnout es
que el primero es entendido como el desequi-
librio percibido entre las demandas del medio
y la capacidad de respuesta del individuo, y el
2 Véase “Stress at work” en: http://www.cdc.gov/niosh/topics/
stress
segundo es conceptualizado como un estado
en el que se combinan fatiga emocional, física
y mental, sentimientos de impotencia e inuti-
lidad, sensación de sentirse atrapado, baja au-
toestima y falta de entusiasmo por el trabajo y
la vida en general (Gil-Monte, 2006).
Por eso se considera que el síndrome de
Burnout es cualitativamente diferente debi-
do a que implica un deterioro en la identidad
profesional de los operadores (Gilberti, 2001).
Este síndrome ha sido estudiado ampliamente
a nivel internacional en diferentes profesiones
que se dedican a la prestación de servicios en
el área de la salud (Ortega y López, 2004; Ro-
mán, 2003) así como entre especialistas que
trabajan en los temas de maltrato infantil y
cuidados intensivos pediátricos (Gil-Monte,
2003, 2008; Quintana, 2005; Jofré, 2005). Del
mismo modo se ha determinado la prevalen-
cia del síndrome en profesores y directores de
enseñanza básica y universitaria, y su relación
con el estrés y la salud (Oramas, 2007; Torres,
2004; Tejero, 2010; Marrau, 2004; Caballero,
2009; Rojas, 2009; Unda, 2008; Arias, 2009);
en tanto que otros han estado orientados a co-
nocer la relación entre el Burnout y las redes
sociales de apoyo (Aranda, 2004).
En el caso de los profesionistas dedi-
cados al área de la salud se han identificado
algunos factores provocadores de estrés: el
exceso de estímulos aversivos, estar en con-
tacto directo con el sufrimiento y con la muer-
te, sentir el dolor que padecen los familiares
por la pérdida de un ser querido, tener que
regular sus propias emociones, atender las
demandas de los enfermos, la frustración que
puede generar el no poder curar, entregarse
a horarios irregulares de trabajo para cubrir
turnos y someterse a la burocratización de las
instituciones sanitarias. Por su parte, los pro-
fesionistas que trabajan en el tema de maltrato
infantil reconocen que entre las fuentes gene-
radoras de estrés se encuentran: la impotencia
para enfrentar las discrepancias del sistema

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