Efectos globales de la corrupción: un obstáculo para el desarrollo - Núm. 10, Agosto 2016 - Revista Penal México - Libros y Revistas - VLEX 746340393

Efectos globales de la corrupción: un obstáculo para el desarrollo

Autor:Javier Sánchez Bernal
Cargo:Universidad de Salamanca
Páginas:181-201
RESUMEN

La corrupción ha dejado de ser un problema local que afecta únicamente a la administración pública para convertirse en un fenómeno sistémico que conlleva repercusiones negativas en todos los ámbitos de la convivencia social. En este trabajo se analizan los efectos perversos de estas conductas en los ámbitos democrático, económico, social, cultural, medioambiental y deportivo. Palabras clave:... (ver resumen completo)

 
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Javier Sánchez Bernal Universidad de Salamanca

Resumen: La corrupción ha dejado de ser un problema local que afecta únicamente a la administración pública para convertirse en un fenómeno sistémico que conlleva repercusiones negativas en todos los ámbitos de la convivencia social. En este trabajo se analizan los efectos perversos de estas conductas en los ámbitos democrático, económico, social, cultural, medioambiental y deportivo.

Palabras clave: Corrupción, globalización, efectos negativos, desarrollo.

Abstract: Corruption is no longer a localproblem that affects only the public Administration to become a systemic phenomenon that involves a negative impact on all areas of social life. This article discusses the harmful effects of these behaviours in democratic, economic, social, cultural, environmental and sports areas.

Keywords: Corruption, globalization, harmful effects, development. r ›

Sumario: I. La corrupción: un problema global. II. Los efectos de la corrupción. III. Conclusiones. IV. Bibliografía.

* Este trabajo ha sido realizado en el marco del Programa de Formación de Profesorado Universitario, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Convocatoria 2012.

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La corrupción: un problema global

Hablar de corrupción en España en tiempos recientes especialmente en el contexto de profunda crisis económica y financiera que padecemos desde hace cinco años no es una iniciativa original. Dicho esto, sin embargo, cabe señalar que el propósito de este artículo no es analizar el fenómeno de la corrupción en sí misma si bien partiremos de algunas cuestiones generales, a fin de presentar el objeto del texto, sino examinar los efectos perniciosos que ésta provoca para el conjunto de una sociedad.

Antes de comenzar con el estudio, conviene acotar siquiera someramente qué entenderé por corrupción en lo sucesivo. El primer paso ha de ser, necesariamente, acudir al Diccionario de la Real Academia que, en su cuarta acepción, indica que "en las organizaciones, especialmente en las públicas, [es una] práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores".1 Sin embargo, quizá sea necesario acudir a un concepto más general que pueda explicar la multiplicidad de comportamientos que pueden catalogarse como de corrupción. En este punto, la Organización No Gubernamental "Transparencia

Internacional" en adelante, sin comillas define corrupción como el "abuso con fines de lucro personal del poder delegado" o, del mismo modo, como el "mal uso del poder encomendado para obtener beneficios privados".2 Estas definiciones me parecen más acertadas, puesto que aportan algunos elementos interesantes. Entre ellos, el poder entender que el abuso puede ser perpetrado por una persona con poder de decisión en el sector público o privado; iniciado por dicha persona o provocado por un tercero que quiera influir en el proceso de toma de decisiones.3

Así las cosas, no cabe duda que la corrupción es, actualmente, un "problema mundial".4 Y debe decirse que esto es así pues afecta a la práctica totalidad de los Estados del mundo5 como refleja cada año Transparencia Internacional,6 pero, de igual modo, es un fenómeno global que, como trataré de poner de manifiesto, se deja notar en todos los sectores de una sociedad y sus efectos distorsionan la convivencia social en su conjunto.7

Es más, en el mismo sentido, puede decirse que la globalización, entendida como un fenómeno de mun-dialización, es uno de los factores más relevantes a la hora de explicar la actual proliferación de conductas corruptas. La desaparición progresiva de fronteras

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ha supuesto un incremento del libre comercio, con la desaparición de las restricciones impuestas a aquél por la legislación de los Estados.8 La globalización ha supuesto, desde luego, indudables mejoras para las sociedades humanas pero, particularmente en los países desarrollados, también ha permitido el agravamiento de algunos fenómenos delictivos y, en especial, de la corrupción.9

Las empresas han internacionalizado sus mercados de producción, distribución y venta de productos, acentuando progresivamente la libre circulación de mercancías, que ha traído consigo también una progresiva libertad de circulación de capitales. Estos procesos, unidos al auge de los medios de información y comunicación, han supuesto grandes avances para el bienestar social, pero también han implicado un incremento de la corrupción y una facilitación de la actividad de los grupos de delincuencia organiza-da,10 esencialmente apoyándose en la opacidad que aún hoy ofrecen los territorios considerados como paraísos fiscales.11

Como es sabido, son considerados paraísos aquellos territorios que ofrecen condiciones fiscales muy ventajosas a los ciudadanos y empresas foráneos para lograr atraer su dinero, unido ello a una ausencia de control acerca de la naturaleza o el origen de tales fondos. Acuden a ellos las grandes multinacionales para eludir dar cuenta de sus obligaciones, pero también los grandes patrimonios aprovechan en ocasiones la posibilidad de ocultar su identidad valiéndose del secreto bancario, la ineficacia de los sistemas de intercambio de información y las facilidades para constituir diferentes figuras jurídicas sin demasiadas medidas de identificación; y, del mismo modo, los bancos, que encuentran en estos territorios una vía no ya sólo para reducir su factura fiscal, sino también para constituir filiales que escapen de los estrictos controles a los que suelen estar sometidos por los bancos centrales y las normativas de sus países de origen.12 Es por ello que una de las medidas necesarias en la respuesta global frente a la corrupción haya de ser la eliminación de los paraísos fiscales.13

Volviendo a la corrupción mundial y global, para ilustrar el primero de estos atributos resulta revelador el mapa que, con ocasión de la publicación del Índice de Percepción de la Corrupción (en adelante, IPC) del año 2013, elaboró Transparencia Internacional (figura 1) y que revela claramente que la corrupción está presente en la práctica totalidad de Estados del mundo, según es observado por los expertos de dichos países:

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Figura 1. Mapa mundial de la corrupción (IPC 2013)

Hay que señalar que la utilidad de herramientas como ésta se da en clave interpretativa. De esta forma, si se compara el panorama con el resultado de años anteriores, se observan algunos pequeños cambios que llevan a pensar que el grado de percepción de corrupción se relaciona de manera directa con el nivel de crisis económica. Aunque haré referencia a esta apreciación posteriormente, diré aquí que "existe una ineludible conexión entre la difusión de la corrupción y la crisis económico-financiera de un país".14

En referencia al aspecto global de la corrupción, como he indicado anteriormente, la nota característica del mismo es que ésta deja notar sus efectos en todos los ámbitos y sectores de una sociedad concreta. Como prueba de ello, de nuevo, puede acudirse a los informes que elabora Transparencia Internacional. Tomando el Barómetro Global de la Corrupción de 2013, los análisis acerca de la percepción de la corrupción se realizan en diversos organismos y entidades, como son los partidos políticos, el poder legislativo genéricamente considerado, con independencia de la concreta forma que adopte en cada país, el ejército, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación, los organismos religiosos, las empresas y el sector privado en su conjunto, los sistemas educativo, judicial y de salud, la policía o los funcionarios públicos.

Se comprueba de esta manera que las conductas corruptas están presentes en el ámbito político, económico, social, religioso, judicial y tanto en la esfera pública como en la privada. Me parece conveniente añadir un ámbito en el que la corrupción ha proliferado en los últimos tiempos y que no ha sido mencionada hasta el momento. Me refiero a la corrupción en el mundo de la cultura. Sirva como ejemplo recordar las diligencias que se abrieron en España, en julio de 2011, frente a la Sociedad General de Autores y Editores por parte de la Fiscalía Especial contra la corrupción y la criminalidad organizada.15

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He tratado de mostrar en estas notas introductorias que la corrupción es, efectivamente, un fenómeno sistémico, o, cuando menos, que tanto las conductas como sus efectos tienden a serlo; por cuanto la vis expansiva de la corrupción, favorecida por los factores reseñados previamente, puede llegar a contaminar todas las estructuras e instituciones de una comunidad o sistema social si no se utilizan los medios de prevención, detección y combate adecuados. Es precisamente por todo esto por lo que considero necesario analizar posteriormente cuáles son los efectos que despliegan estas conductas en cada uno de los escenarios y ámbitos mencionados con anterioridad.

Los efectos de la corrupción

Si en el epígrafe anterior se ha puesto de manifiesto que la corrupción es un fenómeno sistémico, mundial y global, es evidente que también lo serán sus efectos. Así las cosas, es preciso aclarar que el estudio que se va a llevar a cabo de los mismos a continuación, se hará desde un prisma estrictamente formal, tratando de aislar el concreto efecto de otras cuestiones coyun-turales que pueden afectar a...

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