Los derechos y los conceptos políticos - Quinta Parte - Justicia para erizos - Libros y Revistas - VLEX 582180266

Los derechos y los conceptos políticos

Autor:Ronald Dworkin
Páginas:399-427
 
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XV. LOS DERECHOS Y LOS CONCEPTOS POLÍTICOS
DERECHOS
Derechos y cartas de triunfo
La discusión fi nal del capítulo XIV, dedicado a la obligación y la legitimi-
dad políticas, representó un giro importante. En la primera y segunda
partes de este libro discutimos la posibilidad y el carácter de la verdad
en la moral, la ética y otros sectores del valor. La tercera y la cuarta par-
tes examinaron los conceptos centrales de la ética, recogidos en los dos
principios de la dignidad, y, luego, los conceptos centrales de la moral
personal: nuestros deberes de ayudar a otros y no dañarlos y los deberes
especiales que tenemos en virtud de actos performativos como el prome-
ter o relaciones como la amistad. La obligación política forma parte de
este último tópico porque surge de una relación que se da entre los suje-
tos que comparten la pertenencia a una comunidad política. Pero marca
la transición de lo personal a lo político, porque los ciudadanos se exi-
men en parte de sus obligaciones políticas a través de una entidad colec-
tiva artifi cial separada. Las comunidades políticas solo son reuniones de
individuos, pero algunos de estos tienen papeles y poderes especiales que
les permiten actuar, por sí solos o en conjunto, en nombre de toda la
comunidad. De modo que debemos reconocer un sector distinto del va-
lor: la moral política. La ética estudia cuál es la mejor manera que tiene
la gente de manejar su responsabilidad de vivir bien, y la moral personal,
qué debe cada uno, como individuo, a los demás. La moral política, en
contraste, estudia qué debemos todos juntos a los otros como individuos
cuando actuamos en esa persona colectiva artifi cial y en su nombre.
El cambio de tópico de la moral personal a la moral política permite
también un cambio de estilo. He escrito poco sobre la moral personal
con anterioridad, por lo cual los últimos capítulos fueron necesaria-
mente expositivos y un tanto detallados. En contraste, he escrito mucho
sobre la moral política, especialmente en mis libros El dominio de la
vida, Virtud soberana y La democracia posible, de modo que los capítulos
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restantes pueden ser más sumarios. Pido al lector considerar que los
libros recién mencionados están incorporados a este como referencia, y
lo derivo a determinadas partes de ellos que amplían los argumentos
resumidos aquí. Aspiro a rescatar la sugerencia de las primeras páginas
del capítulo I mostrando de qué manera las otras partes de este libro
convergen en la moral política, así como cada una de ellas, junto con esa
misma moral, pueden considerarse convergentes en cualquier otra indi-
vidualmente. Procuro enlazar la moral política con la estructura inter-
pretativa general. Hay una buena cantidad de vino nuevo en lo que si-
gue. Pero también hay vino viejo, y en ese caso el sentido está, como dije
mucho antes, en sus nuevos odres.
Estudiamos la ética y la moral personal por medio del concepto de
responsabilidad —lo que las personas deben hacer por su propio bien o
el de otros— y no de la idea a menudo correspondiente de derecho: lo que
las personas están autorizadas a tener. La responsabilidad es un foco
particularmente conveniente para la ética, porque, cuando se juzga lo que
es vivir bien, es más natural y exacto pensar en lo que somos responsa-
bles de hacer y no en lo que tenemos derecho a pedir. Po dríamos haber
estudiado la moral por medio de la idea de derechos. Podría mos habernos
preguntado, por ejemplo, qué ayuda tenemos derecho a recibir, incluso
de extraños, o qué ayuda tienen derecho a esperar unos de otros ami-
gos, amantes o ciudadanos. Sin embargo, cuando abordamos la mo-
ral política, los derechos representan sin lugar a dudas un mejor foco
que los deberes o las obligaciones, porque su localización es más pre-
cisa: los individuos tienen derechos políticos y algunos de estos, al
menos, son correspondidos solo por deberes colectivos de la comuni-
dad en su conjunto, y no de tal o cual individuo.
Comenzamos con la idea misma de derecho político: su naturaleza
y su fuerza. ¿Qué clase de derechos tiene cada uno de nosotros en
cuanto individuo contra nuestro Estado: contra nosotros mismos co-
lectivamente? Debemos ser cuidadosos, porque la gente usa la palabra
“derecho” [right] en muchos sentidos diferentes. Hablamos de la polí-
tica agrícola “correcta” [right], por ejemplo, o del enfoque “correcto”
del calentamiento global. Los políticos suelen decir que la gente tiene
“derecho” a algo —una política inmigratoria más restrictiva, por ejem-
plo— cuando solo quieren decir que el público quiere esa política o
que, en opinión de ellos mismos, los políticos, el público estaría mejor
con ella. A veces, empero, la gente utiliza la idea de derecho político de

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