Derecho penal electoral. Parte General - Derecho Electoral Español - Delitos Electorales: Una aproximación al Derecho Electoral Mexicano y Español - Libros y Revistas - VLEX 697853321

Derecho penal electoral. Parte General

Autor:María José Cruz Blanca
Cargo del Autor:Profesora Titular de Derecho penal. Universidad de Jaén
Páginas:239-259
 
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CAPÍTULO DÉCIMO
DERECHO PENAL ELECTORAL. PARTE GENERAL243
María José Cruz Blanca
Profesora Titular de Derecho penal
Universidad de Jaén
Sumario: I. El legítimo recurso al derecho penal para la protección del derecho de
sufragio. II. La Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del régimen electoral general.
III. Cuestiones generales en torno a los delitos electorales. 1. El derecho de sufragio
como bien jurídico protegido por los delitos electorales. 2. Concepto de funcionario
público a efectos penales–electorales. 3. Concepto de documento ocial a efectos
penales–electorales. 4. El concurso aparente de normas penales entre el Código
Penal y la Ley Orgánica de régimen electoral general. 5. La pena de inhabilitación
para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo. 6. La aplicación subsidiaria del
Código Penal a los delitos electorales.
I. El legítimo recurso al derecho penal para la protección del derecho de sufragio
Como ya señalara a principios del pasado siglo XX Ignazio Tambaro: “Desde los más
lejanos y primitivos periodos en los que se comenzaba a armar la vida del Estado, la
historia ha debido registrar atentados más o menos violentos al Derecho electoral; donde
el otorgamiento de los poderes soberanos dependía del sufragio de los ciudadanos, la
acción disolvente del fraude y la corrupción desplegaba toda su funesta inuencia. La
erótica del poder o la sed de ilícitas ganancias son las pasiones que siempre han echado
mala semilla en cada especie de comicios. El complejo de elementos de donde resulta
la composición de un cuerpo electoral constituye materia demasiado maleable para
que un candidato con la conciencia elástica pueda resistir a la tentación de trabajarla
a su antojo. En el fondo de todas las masas populares, que fueron siempre y son, en
parte, todavía bien cortas de un desarrollado nivel de cultura y de moralidad, no es difícil
hacer decir una palabra fascinante que conquiste las mentes o un lema, muy ecaz,
243 El presente trabajo se ha elaborado en el marco del Proyecto de investigación titulado “Los delitos
electorales” nanciado por el Plan Nacional de Investigación Cientíca, Desarrollo e Innovación Tecnológica
2008–2011 del Ministerio de Educación, incluido el Programa “Salvador de Madariaga” (PR 2010–0451),
habiendo realizado su autora una estancia de investigación en el Dipartimento di Diritto Comparato e
Penale de la Università degli Studi di Firenze –Italia– durante los meses de febrero a mayo de 2011.
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que negocie las conciencias. Así entre un engaño y una corrupción, el voto electoral se
transforma en una mofa o un mercadeo”.244
En efecto, la corrupción electoral ha sido, y es, un fenómeno muy extendido incluso
en aquellos países que han sido considerados como cuna del Parlamentarismo.245
En España, concretamente, la historia muestra cómo el falseamiento electoral
y la discontinuidad democrática han marcado históricamente esta materia246
revelando la corrupción electoral en nuestro país, en palabras de MESTRE, unas
particulares características tales como la malicia especíca de algunas de sus formas
y los pintoresco de su factura247 determinadas posiblemente por el entonces
infradesarrollo democrático, la ignorancia de los ciudadanos, y de los líderes que
eran probablemente inconscientes del relevante papel que debían de desempeñar
para que el correcto funcionamiento del sistema democrático,248 sin olvidar la
falta de conciencia social sobre la gravedad de los abusos y fraudes electorales
que, por el contrario, a veces recibían el beneplácito de la opinión pública de ese
periodo histórico determinando un importante grado de impunidad de aquellas
conductas.249
244 La traducción es mía. TAMBARO, I., “I reati elettorali”, en E. Pessina, Enciclopedia del Diritto penale Italiano. Raccolta di
monograe, Milano, 1908, p. 1004; para conocer la evolución histórica de la corrupción en Italia, Ibídem, pp. 1011–1024.
245 Sobre la corrupción electoral en algunos países europeos como Finlandia, Austria, Alemania Federal, Inglaterra,
Francia, Suiza, etc. desde una perspectiva histórica vid. MESTRE, E., en Los delitos electorales en España (1812–1936),
Madrid, 1977, pp. 22-23. En particular, un resumen sobre el caciquismo español puede consultarse en URBANO
CASTRILLO, E., “Los delitos electorales, tras la reforma de 28 de enero de 2011”, Revista Aranzadi Doctrinal, núm.
4/2011, 2001 (disponible en recurso electrónico).
246 Tras la implantación del sufragio universal (masculino) en España en el año 1868, sería interr umpido en varias
ocasiones. Los procesos electorales de la monarquía liberal de nales del S. XIX y principios del XX se efectuaron
en condiciones extraordinariamente anómalas. Entre 1868 y 1923 se celebraron 23 elecciones legislativas cuyos
resultados carecieron de representatividad alguna a causa del caciquismo y del monopolio parlamentario de los
partidos dinásticos. Los fraudes, manipulaciones e ir regularidades acuñaron los términos de <pucherazo> que
se reeren al conjunto de actividades por las que los procesos electorales o sus resultados se falseaban para
ajustarlos a los propósitos del partido correspondiente. Después del paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera
(1923–1930), en la Segunda República (1931–1936) se llegaron a celebrar tres elecciones legislativas a las que
cabe calicar de democráticas, pero la polarización electoral, la inestabilidad política, y la quiebra del propio sistema
republicano dieron paso a la guerra civil (1936–1939) y a la Dictadura del General Franco (1936–1977).
247 Ya señalaba MESTRE, E., citando a Alcalá Zamora en su obra La lucha por la impunidad de 1930, que “casi toda la
delincuencia electoral es picaresca: certicados verdaderos sobre papel falsicado, la marcha anormal de los relojes,
la suplantación audaz de los inscritos en el censo, los tumultos ngidos en que los notarios se les detenía como
alborotadores a la hora del escrutinio (…), el asturiano que instalando el colegio electoral en el hórreo, niega o
permite la subida al elector, según el voto presunto. El levantino que hallaba preferencia en la soledad de un islote
solitario. El de la llanura que en plena canícula se abrasa con la capa, auxiliar preciso, para el escamoteo de las
papeletas. El madrileño quejoso de la cesantía como alcalde de barrio, cuando entre sus vir tudes administrativas
campeaba haberse escapado siempre con el acta en blanco. El andaluz que venciendo un plazo electoral un día
nueve, proveyó a la solicitud de los adversarios –presentada el día seis-: <No ha lugar por ser tarde y estar yo
enfermo hasta el día diez…>”, en Los delitos electorales en España, ob. cit., p. 24.
248 MESTRE, E., Ibídem, pp. 12–13.
249 Sobre ello extensamente vid. MESTRE, E., Ibídem, pp. 159 y 172; el citado autor subraya el papel que desempeña
el Derecho para cambiar esta situación añadiendo que, partiendo del hecho de que entre la incorporación de una
conducta como delictiva y su aceptación y defensa por la conciencia popular existe una gran distancia, recuerda que
el delito electoral “no llevaba de suyo entrañada la tacha de deshonor y malicia que el pueblo ve claramente en la
mayoría de los otros delitos”, acompañado de la pasividad de quienes los conocían y podía probarlos ibídem, 184.

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