En la cuerda floja. El acceso normativo en practical reality. - Vol. 37 Núm. 109, Abril 2005 - Crítica - Libros y Revistas - VLEX 634357753

En la cuerda floja. El acceso normativo en practical reality.

Autor:Gaitán Torres, Antonio
 
EXTRACTO GRATUITO

RESUMEN: Este artículo presenta una alternativa a la dicotomía entre razones motivacionales y razones normativas. En Practical Reality (PR), Dancy mantiene que ambas razones se identifican con estados externos al agente --"tesis de la identidad" (TI)--. Hay dos argumentos en PR a favor de la TI: El primero se basa en una interpretación externista del significado de "tener una razón". El segundo presenta una vía indirecta, defendiendo que las adscripciones de razones según estados psicológicos internos no son casos centrales en las explicaciones normativas. Estas dos críticas ignorarían una fuerte intuición normativa: el "acceso epistémico". Si ésta es persuasiva, los estados internos no pueden ser eliminables.

PALABRAS CLAVE: normatividad, explicación, agencia, Dancy

SUMMARY: This paper presents ah alternative account to the dichotomy between normative and motivating reasons. In Practical Reality (PR), Dancy argues that both types of reasons should be identified with external states of the agent --"identity thesis" (IT). There are two arguments in PR for the IT: one is based on an externalist interpretation of expressions like "A has a reason to x". The other is an indirect argument that claims that the ascription of reasons grounded on internal states cannot be central instances in normative explanations. Both arguments ignore a strong intuition: the "epistemic access". If this is a persuasive intuition, internal psychological states cannot be eliminated.

KEY WORDS: normativity, explanation, agency, Dancy

**********

En este artículo criticaré la posición antipsicologista que Jonathan Dancy defiende en Practical Reality (en adelante, PR) frente a aquellas teorías que entienden los motivos del agente como estados psicológicos internos indispensables en la explicación de su conducta. Defenderé que la afirmación central de PR --la "tesis de la identidad", según la cual el mismo tipo de consideraciones externas sirven para motivar la acción del agente y para juzgar la racionalidad de su acción se opone de modo importante a: (i) ciertos rasgos estructutales bien asentados en nuestras explicaciones agenciales y (ii) a un importante sentido de normatividad, por el que nuestros estados psicológicos son susceptibles de ofrecer un nivel de justificación externo a su ocurrencia, sin que esto presuponga una referencia explícita a estados de cosas.

El argumento externista de Dancy es susceptible de presentarse de dos formas. Por un lado, podemos centrarnos en qué teorías de la normatividad están implícitas en el debate entre quienes pretenden eliminar la referencia a estados internos y quienes niegan que ese movimiento sea posible. PR serviría, en este nivel, como una guía avanzada dentro de este ámbito de discusión normativa. En este campo de batalla luchan actualmente externistas normativos extremos, que pretenden eliminar cualquier referencia a estados internos del agente, frente a quienes asignan un papel a esos estados. Éstos, a su vez, se dividen entre aquellos que entienden que el papel de los estados internos se reduciría al de meros componentes de una clase peculiar de hechos explicativos --externistas moderados o compatibilistas-- y quienes consideran que esos estados internos son componentes constitutivos o necesarios en cualquier explicación agencial --internistas, subjetivistas o neohumeanos--.

No obstante, otra forma de defender la "tesis de la identidad" ha sido puesta de relieve recientemente por Dancy, en respuesta a algunas críticas. Esta clase de argumentos sustentan su fuerza en una razonable intuición argumentativa. Según ésta intuición, una tesis --la ineliminabilidad de los estados internos-- no es defendible si instancia casos extremos, anormales o inusuales del fenómeno general que pretende explicar --la adscripción de motivos o razones motivacionales a un agentes--. Dancy mantiene que defender que las creencias motivan al agente, o fundamentan su acción justificándola, es verdadero únicamente en situaciones muy peculiares. Esto lo lleva a concluir que los estados internos no pueden ser la norma general al adscribir las razones motivacionales. Tanto el primer modo de abogar por la eliminabilidad como esta segunda vía llegan a la conclusión de que ningún estado interno motiva la acción de un agente, ni sirve para justificar su racionalidad --en el sentido normativamente relevante por el cual pretendemos saber si las razones que tenía un sujeto para hacer lo que hizo eran adecnada--.

Este artículo defiende una postura contraria, identificándose con un espacio dentro de la teoría de la nonnatividad que únicamente será esbozada de modo indirecto, al delinear las dudas que los ejemplos de Dancy despiertan. Un modo de criticarlos --y de negar la intuición normativa general que los soportan-- trataría de aclarar la función que la noción de "acceso epistémico" cumple en algunas situaciones usadas por Dancy para apoyar su "tesis de la identidad".

  1. Humeanos, neohumeanos y antihumeanos. Un breve repaso

    A grandes rasgos, PR intentaría determinar el modo en que debemos entender las razones que motivan a un agente a realizar un acto, si éstas quieren ser respetuosas con el tipo de exigencias normativas características de cualquier explicación agencial. Dentro de esta exigencia por atender a la normatividad inherente a nuestras explicaciones agenciales, el libro de Dancy defendería la necesidad de variar el foco de explicación de nuestra conducta, foco que se mueve desde los estados internos de tipo psicológico hasta los estados externos, o los estados de cosas. PR trataría de aclarar, según esto, cuál es el modo correcto de entender la dimensión motivacional propia de la conducta del agente y su relación con la esfera externa o normativa.

    Las explicaciones de la conducta se habrían entendido mayoritariamente, según la reconstrucción que PR hace suya, como "racionalizaciones" que justificarían en un sentido mínimo la conducta, utilizando estados psicológicos internos con diverso contenido como elementos necesarios en la constitución de esas razones. Estos constituyentes internos se han conceptuado de forma variada, combinándose de diferentes modos y acentuando en grado diverso el peso de cada uno de ellos en nuestras explicaciones. En lo que la ortodoxia, no obstante, ha estado mayoritariamente de acuerdo es en destacar su ineliminabilidad en la explicación de la acción (Davidson 1963; Smith 1994, caps. 4 y 5; Millar 2002, p. 119).

    La intuición que apuntalaría la oposición de PR a este modelo es bastante directa. Si consideramos que un rasgo destacado de cualquier relación normativa es cómo se relaciona ésta con aspectos externos a su formulación, deberíamos aceptar --contra esa conocida imagen esbozada líneas atrás-- que explicar normativamente la conducta de un agente requiere citar las consideraciones externas sobre las que éste actuó, y no sólo los estados internos que racionalizan su conducta (Baier 1985, p. 125; Smith 1994, p. 130).

    Según esto, los estados internos del agente, en cualquiera de las variantes presentadas por el "psicologismo", no serían candidatos adecuados para la función de justificación propia de cualquier explicación, y por ello deberíamos oponernos a cualquier intento de entender las explicaciones agenciales en términos estrictamente psicológicos. En general, ha de ser conceptualmente posible que el mismo tipo de consideración externa motive al agente y pueda servir para justificar su acción. Podemos señalar, por lo tanto, que la oposición a esta familia de teorías en el ámbito de las razones motivacionales y la defensa derivada de un "externismo normativo" constituyen las dos tesis generales de PR.

    Entre las tensiones obvias que cualquier lector de PR percibe en relación con este proyecto, destaca la marcada oposición a la teoría de la motivación clásica contenida en sus páginas. Ni el esquema humeano ni la serie de derivaciones que éste ha acarreado diferencian tradicionalmente entre aquellas razones que justifican un acto y las que motivan o causan la realización de ese acto (Hume 1978, II.iii.1--2, II.iii.3, III.i.2; Smith 1994, 2003, 2004 ha presentado un modelo humeano que sí destaca esta distinción).

    Para esta familia de teorías, las razones que explican un acto y las que lo justifican convergen en los estados internos del agente. Esta intuición psicologista se alimenta de dos fuentes: por un lado se hace eco de una conocida tesis filosófica que niega, de inicio, cualquier normatividad en el dominio factual (Hume). Por otro lado, esta intuición es repetuosa con el propósito metodológico o explicativo general que subraya la necesidad de respetar un minimalismo ontológico en nuestras atribuciones de responsabilidad (Williams). Los dos tipos de razones necesariamente convergen en la primacía asignada a los estados internos del agente en nuestras explicaciones de su conducta. Tanto los estados cognitivos como los estados desiderativos pueden considerarse, según esta concepción, mecanismos normales en la explicación y la justificación de la acción.

    Este modelo se ha caracterizado de diversas formas, si bien no todas igualmente críticas en cuanto al reconocimiento de sus límites y presupuestos. Atenderé a una formulación reciente, por el modo en que refleja el interés de este escrito y por la voluntad de ruptura que representa frente a una forma muy extendida de entender la teoría humeana. Según Michael Smith, podemos definir la teoría humeana de la acción de modo constitutivo: para que una acción pueda ocasionarse --y, por consiguiente, ser susceptible de justificación-- es necesario, sostiene esta interpretación, que el sujeto se encuentre en un estado interno orientado teleológicamente, es decir, en un estado desiderativo. Igualmente, podemos definir esta familia de teorías centrándonos en la forma en que la explicación de una acción requiere...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA