El contrato de edición - Núm. 20, Julio 2010 - Revista Enciclopédica Tributaria Opciones Legales-Fiscales - Libros y Revistas - VLEX 219499969

El contrato de edición

Autor:Lic. Daniel Ibarra Ponce
Cargo:Licenciado en Derecho egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM
RESUMEN

Acerca del mito de Atenea o Minerva. Concepto del contrato de edición. Del contrato de edición y de los derechos de autor. Luces y sombras del lenguaje en el contrato de edición de obra literaria. Trascendencia económica de los derechos de autor. La lectura y sus dilemas. ¿El homo videns vs. lector?. Justificación de la protección a los derechos de autor. Naturaleza jurídica. De lo que... (ver resumen completo)

 
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Los que están mirando (leyendo)

los que cuentan (o refieren lo que leen), los que vuelven ruidosamente las hojas de los códices, los que tienen en su poder la tinta roja y negra (la sabiduría) y lo pintado, ellos nos llevan, nos guían, nos dicen el camino.

Códice Mexicano

Acerca del mito de Atenea o Minerva

En la mitología griega Atenea o Atena era considerada la diosa de la sabiduría, de la estrategia y de la guerra justa. Corresponde a Minerva en la mitología latina.

Zeus, tras haber sido profetizado que su esposa Metis, -la prudencia o la cultura- alumbraría hijos más poderosos que él; para impedir tales desenlaces siguió las recomendaciones de Gea y Urano para encerrarla en su vientre y la devoró. Pero Atenea ya estaba en el vientre de su madre, por lo que Zeus al sentir un fuerte dolor de cabeza recurrió a Hefesto para que se la abriera de un hachazo y de ella surgió Atenea completamente adulta y armada como guerrera.

Atenea fue asociada por los etruscos con la Diosa Menrva, quienes confundían fácilmente su nombre extranjero con la palabra latina mens, o mente. posteriormente fue conocida por los romanos como Minerva. Ovidio la llamó: "diosa de las mil obras".

La idea de ingerir cultura, en el mito de Zeus para parir con dolor las ideas es una metáfora del esfuerzo no sólo intelectual sino también de las fuerzas del espíritu humano. Las obras concebidas en la mente surgen como partos. Se ha dicho que las obras de un autor son como sus hijos, los dan a luz con cierto sacrificio.

Concepto del contrato de edición

En su raíz etimológica edición significa "parto", "publicación", y deriva del latín endere, que quiere decir tirar hacia fuera, dar a luz, publicar.1

De acuerdo con Oscar Vázquez del Mercado "El contrato de edición se celebra entre un sujeto que ha producido una obra intelectual y otro sujeto que va a utilizarla para su explotación en el mercado, por lo que se conceptúa como el contrato por el que el autor de una obra intelectual concede el derecho de explotarla a un tercero".2

La edición comprende no sólo la reproducción de los libros, sino también la multiplicación de ejemplares o copias de objetos materiales que incorporan la huella de otras creaciones del talento como discos, fonogramas, fijaciones audiovisuales, litografías, etc.3

Pudiendo consistir el contrato de edición en diversas clases de obras, la ley distingue entre las literarias, musicales, fonográficas, de representación escénica, de radiodifusión, de producción audiovisual y publicitarias. Específicamente la Ley Federal de Derechos de Autor regula los siguientes tipos de contratos de edición:

Contrato de edición de obra literaria. (Artículos 42 a 57 de la LFDA).

Contrato de edición de obra musical. (Artículos 58 a 60 de la LFDA).

Contrato de representación escénica. (Artículos 61 a 65 de la LFDA).

Contrato de radiodifusión. (Artículos 66 a 67 de la LFDA).

Contrato de producción audiovisual. (Artículos 68 a 72 de la LFDA).

Contratos publicitarios. (Artículos 73 a 76 de la LFDA).

Se toma como contrato tipo o modelo, el de edición de obra literaria toda vez que a los demás contratos señalados les son aplicables, en lo conducente, las disposiciones que lo regulan. (Artículos 60, 65, 67, 72, 76 de la LFDA).

La Ley Federal de Derechos de Autor estipula que "Existe contrato de edición de una obra literaria cuando el autor o titular de los derechos patrimoniales, en su caso, se obliga a entregar una obra a un editor y éste, a su vez, se obliga a reproducirla, distribuirla y venderla cubriendo al titular del derecho patrimonial las prestaciones convenidas".4

En Roma se conoció un personaje llamado Editor, no obstante, con este nombre se designaba al magistrado o particular que daba un espectáculo a sus propias expensas.

Los copistas tuvieron auge tanto en Roma como en la Europa Medieval. Los librarii, contemporáneos de Cicerón, anotaban las obras que ellos transcribían sobre volumina y libri, desempeñando así la función de editores. Con posterioridad los copistas se organizaron en corporaciones para asegurar el monopolio de la reproducción de manuscritos, y fue con la aparición de la imprenta que lograron su pleno desarrollo mediante la promulgación de un "privilegio del Rey" que le confería al librero el derecho exclusivo de imprimir un libro. Luego se distinguió entre el librero que vende los libros sin producirlos y el que imprime los libros a su costa ligado por un contrato con su autor.

Alrededor del año 1850 apareció la palabra "editor" sobre la cubierta de los libros, primero se le conoció como "libre impresor", luego "libre editor".5

Del contrato de edición y de los derechos de autor

Con el derecho de autor se designan dos inseparables atributos que las leyes reconocen al creador de una obra intelectual y artística (artículo 1º de la LFDA); el derecho moral, que es: perpetuo, inalienable, imprescriptible, irrenunciable e inembargable (artículo 19 de la LFDA), y el derecho pecuniario o de explotación de la obra, que es temporal.

El reconocimiento del derecho de autor ha corrido paralelamente al del derecho de propiedad industrial, vistas sus notables semejanzas, principalmente en razón de que sus manifestaciones son producto de la mente humana, esto es, en los dos casos se trata de meras ideas -corpus misticus- que, para su aprehensión requieren de un vehículo material, es decir, el -corpus mechanicum-6

En general el derecho de autor y en particular el contrato de edición protegen las ideas, pero no sólo concebidas sino materializadas en una obra con originalidad, producto de un esfuerzo intelectual y espiritual de la persona. Así, dicha obra está representada mediante un lenguaje.

Luces y sombras del lenguaje en el contrato de edición de obra literaria

De la palabra al silencio del silencio a la reflexión, y de la reflexión a la trascendencia.

D.I.P.

Los griegos denominaban la creación como la poiseis, la poesía. Así, la poiseis está asociada al origen de la vida en su más bella y extraordinaria metáfora de la creación pura y humana. En la tradición judeo-cristiana, Dios como el primer gran poeta creó la vida sobre la tierra. Su creación lo nombra a él, y entonces existe, porque si coincidimos con los sumerios o los asirios en que sólo existe aquello que se nombra, Adán -entonces-, se convierte en el segundo poeta en su papel que le es conferido para nombrar a su mundo circundante porque le asigna un significado y un nombre a las cosas. Es de alguna manera creador de una codificación.

En el contrato de edición se conciben las creaciones a través de un lenguaje, y en concreto la obra literaria se vincula con la palabra escrita. Por eso remontarnos a los orígenes de la palabra es quizá remitirnos a los orígenes donde todo era complemento del sonido.

La eternidad de la palabra como la de la música radica en su contrario que es el silencio. De ahí que el esplendor de la vida, al decir de filósofos como Hegel se manifiesta en el complemento de su contrario. Lo que es una constante para la eternidad, es una excepción para la vida que se convierte en un fragmento breve donde para algunos existe el privilegio de la creación.

Así, el contrato de edición nos lleva a proteger un mundo etéreo, un mundo de las ideas, un mundo regulado para continuar con la incesante evolución de las creaciones.

En cada acto creativo de la palabra subsiste la presencia de un silencio. El silencio nos lleva a recordar el origen; la simbiosis entre el hombre y la vida.

La música y la palabra confluyen en el inicio del universo, donde todo era en el principio un caos. La música se encuentra estrechamente vinculada a la palabra como un juego de sonidos primigenios. Con el universo compuesto del silencio y de su contraparte dialéctica desde un pasado ignoto se hace presente la voz, el lenguaje adquiere cuerpo y luego se manifiesta en la palabra.

El universo es música pura, sonidos vigentes que son perennes como el tiempo, porque detrás del sonido se encuentra el silencio y éste es eterno. La musicalidad de la palabra o la poiseis como partituras extraviadas hacen hablar al silencio, esa musicalidad va motivando el arte para que diga las notas de lo que la vida calla. Y es que el silencio está en todas partes, en todo tiempo, es como la muerte, todo le antecede al silencio y todo le sucede. Antes de nosotros existió y después de nosotros seguirá existiendo, y entonces con la obra del autor ya no sólo se dirá "polvo eres y en polvo te convertirás", sino, silencio eras y en silencio...

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