La constitución que murió antes de nacer - Tomo III. Vida y muerte de los textos preconstitucionales de México (1802-1821) - La vida constitucional de México. Volumen II: Textos preconstitucionales - Libros y Revistas - VLEX 300708002

La constitución que murió antes de nacer

Autor:Fernando Serrano Migallón
Páginas:104-143
RESUMEN

1. Los Sentimientos de la nación - 2. El regreso de Fernando VII, el Deseado - 3. Decreto Constitucional de la América Mexicana

 
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IV. LA CONSTITUCIÓN QUE MURIÓ ANTES DE NACER
La Revolución es la vuelta al tiempo del origen […] es un
acto eminentemente histórico y, no obstante, es un acto
negador de la historia: el tiempo nuevo que instaura es
una restauración del tiempo original.
OCTAVIO PAZ, Poesía, Mito, Revolución
1. LOS SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN
En septiembre de 1812, Morelos escribe a Rayón para sugerirle transformar
la Junta Suprema Nacional en un congreso: “Yo estoy entendido que nuestro
Congreso se ha de componer de representantes por lo menos de las provin-
cias episcopales y principales puertos”. Morelos tiene además una estrategia
para el logro de este objeto, el número de cinco componentes de la Junta lo
entiende en un sentido político-militar, cuatro de ellos situados en los puntos
cardinales y uno en el medio como enlace;1 organizar cuatro ejércitos que
protejan por los cuatro vientos el nuevo gobierno. Rayón, por su lado, tiene
otra idea: pretende dirigir —como cabeza de la Junta Suprema— la guerra,
trata de asumir la autoridad, mandar y ordenar, lo que le atrae crecientes con-
ictos en su relación con los demás jefes: a Morelos le envía un visitador incó-
modo, y a los otros miembros de la Junta, Liceaga y Verdusco, los bloquea.
En noviembre, poco antes de marchar sobre Oaxaca, Morelos escribe
a Rayón haciéndole ver otra vez la necesidad de elegir al quinto vocal de la
Junta, y concluye: “Éste es mi dictamen […] y que se le quite la máscara a
la Independencia, porque ya todos saben la suerte de nuestro Fernando
VII”.2 Esta máscara se refi ere sin duda a las ambigüedades del discurso in-
1 “Morelos insinúa a Rayón, por primera vez, la idea de transformar la Junta en lo que un
año más tarde será el congreso de Anahuac”, en la colección preparada por Lemoine, Morelos.
Su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época, UNAM, México,
1991, pp. 207-208.
2 “Morelos a Rayón, sobre las cualidades que deberá tener el quinto vocal de la Junta Gu-
bernativa, pendiente a nombrarse”, en ibidem, pp. 218-219.
LA CONSTITUCIÓN QUE MURIÓ ANTES DE NACER 105
surgente respecto a la fi delidad al rey. Insiste en ello en un escrito posterior,
también de noviembre, en el que comenta el proyecto constitucional del Li-
cenciado Rayón: “La proposición del Sr. D. Fernando VII es hipotética”, y en
una carta personal al mismo: “Por lo respectivo a la soberanía del Sr. D. Fer-
nando VII, como es tan pública y notoria la suerte que le ha cabido a este
grandísimo hombre, es necesario excluirlo para dar al público la Constitu-
ción”. Otro de los apuntes de Morelos a los “Elementos constitucionales”
interesa, tocante a la formación del gobierno: en lugar de un solo Protector
Nacional, Morelos propone que haya uno de ellos por cada Obispado.3 Es
un punto de discrepancia. Los dos caudillos tienen un enemigo común, y
más cosas: si Rayón considera que la Constitución debe defender la religión
católica sin tolerancia de otra, Morelos afi rma que la toma de Oaxaca es
obra de la “Guadalupana”; si uno se conserva fi el al monarca, el otro, pese a
su intención de desenmascarar la insurgencia, dice en Oaxaca obedecer
a una Junta que es “legítima depositaria de los derechos de nuestro cautivo
monarca, el Sr. D. Fernando VII”.4 Pero las diferencias las abrirá el modo en
que uno y otro quieren organizar el naciente gobierno.
Cuando Morelos toma Oaxaca, pareciera que no hay mayor divergencia
con Rayón. Exige el juramento de la ciudad a la Junta Suprema prácticamen-
te en los mismos términos de los “Elementos constitucionales”, más o menos:
¿Reconocéis la Soberanía de la Nación Americana, representada por la Suprema
Junta Nacional Gubernativa de estos Dominios? ¿Juráis obedecer los decretos,
leyes y Constitución que se establezca, según los santos fi nes porque ha resuelto
armarse y mandar observarlos y hacerlos ejecutar? ¿Conservar la Independencia
y Libertad de la América? ¿La religión Católica, Apostólica Romana? ¿Y el
Gobierno de la Suprema Junta Nacional de la América? ¿Restablecer en el trono
a nuestro amado rey, Fernando VII? ¿Mirar en todo por el bien del Estado y
particularmente de esta Provincia?5
Pero los comentarios a los puntos constitucionales que en cartas perso-
nales formula Morelos parecen inquietar a Rayón, le molestan quizá, no le
3 “Refl exiones que hace el Señor Capitán General, D. José María Morelos [a los Elementos
de Nuestra Constitución]” y “En carta personal a Rayón, Morelos ratifi ca las observaciones
que hizo a los Elementos de la Constitución”, en ibidem, pp. 226-228.
4 “Morelos comunica a Rayón la toma de Oaxaca” y “Morelos insta al Cabildo Eclesiástico
de Oaxaca a solemnizar el juramento a la Junta Gubernativa”, en ibidem, pp. 234-236.
5 “Formalismo estipulado para el juramento a la Junta Gubernativa en Oaxaca”, en ibidem,
pp. 236-237.
106 VIDA Y MUERTE DE LOS TEXTOS PRECONSTITUCIONALES
son indiferentes en todo caso, porque lo paralizan durante meses. En enero
de 1813, Morelos se dirige a Rayón: “Estoy pendiente de la última expurga-
ción sobre nuestra Constitución, cuyos Elementos devolvía V. E. con las
adiciones que pudieron advertir mis cortas luces. Se pasa el tiempo y se
aventura mucho […] para no desquiciarnos, se hace preciso que V. E. me
remita a toda diligencia la que ha de regir”.6 Y por entonces Rayón va en-
frentando nuevos asuntos.
Hacia comienzos de 1813, Rayón entra en pleito con los otros dos voca-
les de la Junta, Liceaga y Verdusco, con motivo de las campañas que em-
prenden por iniciativa propia, desconociendo su autoridad: Verdusco avan-
za temerariamente en Valladolid, donde es derrotado con altos costos
insurgentes, y Liceaga conoce su suerte en manos de Agustín de Iturbide,
poniendo en riesgo a la propia Junta. Rayón, como Presidente de la Junta,
Ministro Universal de la Nación, amaga con destituirlos, desarmarlos y
aprehenderlos.7 Ante esto queda Morelos como única referencia para los
insurgentes, debilitado Rayón y la misma Junta.
El Rayo del Sur continúa la lucha, pero a la vez trata de defi nirla políti-
camente. En mayo escribe a Rayón sobre la necesidad de reunirse para re-
formar la Junta Gubernativa. Dueño de Oaxaca, decide tomar el puerto de
Acapulco, en el camino se libra defi nitivamente de Fernando VII, y confor-
me se abre el horizonte de la Independencia, reconoce que es necesario,
urgente, cerrar las expectativas en torno a la organización del gobierno y el
ordenamiento jurídico. Evitar mayores divisiones, y construir instituciones.
Siguiendo la iniciativa de Carlos María de Bustamante, decide sustituir la
Junta por un auténtico Congreso Nacional.
6 “Morelos apremia a Rayón para que le remita el texto defi nitivo de los Elementos de la
Constitución, después de las oportunas observaciones que le envió el propio caudillo”, en ibi-
dem, pp. 261.
7 En un documento de la Junta, fi rmado por Rayón, en Tlalpujahua, del 7 de abril de 1813:
“Por cuanto los vocales que fueron de la Suprema Junta Nacional, doctor D. José Sixto Ve r-
dusco y D. José Ma. Liceaga, han abusado de las fuerzas armadas que tenían a su mando, em-
pleándolas indebidamente en oprimir a los pueblos y vejar a los particulares, tratando además
de sostener con ellas el proyecto monstruoso de hacerse independientes en los que llaman sus
departamentos para continuar ejerciendo una autoridad ilimitada y verdaderamente despóti-
ca, y habiendo rehusado a obedecer el mandato de convocación que como presidente de la
Suprema Junta les intimé a fi n de que reunidos se tratase de reformar dichos escandalosos
abusos y otros gravísimos excesos que han cometido con ultraje de los sagrados derechos de la
patria”, “Bando de Ignacio Rayón para destituir como vocales de la Suprema Junta a José Six-
to Verdusco y José María Liceaga y los manda aprehender”, en la selección de V. Guedea, Tex-
tos insurgentes (1808-1821), UNAM, México, 1998, pp. 107-109.

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