La Constitución y el Campo - Doctrina y praxis constitucional - Antología del Centenario de la Constitución de 1917. Tomo IV - Libros y Revistas - VLEX 676629689

La Constitución y el Campo

Autor:Lázaro Cárdenas del Río
Páginas:111-117
 
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Antología Constitucional Mexicana, México, H. Ayuntamiento de Naucalpan de Juárez, 1992.

La Revolución Mexicana, bajo la presión de las masas campesinas que en ella participaron, dio a la aspiración de una producción agrícola mejor, un contenido democrático y de justicia social: sacar al campesino del estado de miseria en que lo mantenía al personaje y dotarlo de un patrimonio cuyos productos pudieran satisfacer las necesidades de su familia. Este doble objetivo, más y mejor producción agrícola y justicia social para el hombre que trabaja la tierra, inspiró e inspira a la Reforma Agraria Mexicana.

El Plan de Ayala, con claridad, sintetizó este postulado al demandar: que las tierras, montes y aguas monopolizadas en unas cuantas manos "se expropiaran... A fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo, la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos".

Como se desprende de lo anterior, todas las clases sociales que intervinieron en la Revolución, coincidían en un objetivo fundamental: la extinción del latifundismo representado por la hacienda, pero cada una de ellas mantenía particular solución para democratizar la tierra, prevaleciendo en la actualidad dos instituciones que son la base de la agricultura en el país, el ejido y la pequeña propiedad agrícola.

A este resultado se llegó después de librar batallas sangrientas, debates legislativos y una constante depuración y formación de la teoría agrarista.

El ejido ha sido y es una institución dinámica. Si se quiere que superviva y florezca debe seguir siéndolo. Desde su nacimiento ha venido luchando por transformarse hasta llegar a lo que es en la actualidad. El futuro le reserva un papel todavía más importante: el de hacer más productiva la explotación de la tierra y

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más justo el reparto de la riqueza que ella produce. De aquí la necesidad de hacer, aunque sea en forma breve, la historia de su evolución para precisar sus fines, evitar su destrucción y para que pueda cumplir la función que le corresponde en la economía nacional.

El ejido nace, en la teoría y en la práctica, como una institución de carácter provisional. No se le confiere el papel de una mejor producción agrícola. Se le asigna una misión supletoria de nuestra economía: completar el salario del jornalero.

Esta tesis merece analizarse, porque influye, en forma preponderante en la doctrina ejidal y porque es forzoso, además, desterrar todas sus supervivencias que minan e impiden la concepción de un ejido productivo.

En el periodo constitucional del presidente Madero se formulaba así la teoría ejidal:

La hacienda debe destruirse para crear la pequeña explotación agrícola. Este es el propósito final, pero esta meta no podría "satisfacer las necesidades de uno, de dos, de diez, de cien individuos" no dejaría satisfechas "las necesidades de los cientos de miles de hombres cuya pobreza y cuya condición de parias dependen de la desigualdad en la distribución de la tierra" y, es entonces, cuando se comprendió "que había otro problema mucho más hondo, mucho más importante todavía que no se había tocado y que sin embargo, era de más urgente resolución": el problema de "proporcionar tierras a cientos de miles de indios que las habían perdido o que nunca las habían tenido".

La presión de las masas campesinas levantadas en armas y la necesidad de su pacificación, hacen proponer a Luis Cabrera un proyecto de ley que declara "de utilidad pública nacional, la reconstitución y dotación de ejidos para los pueblos".

¿Cómo se concibe, en esa época, la función del ejido?

Luis Cabrera afirmó: "Si la población rural tuviese, como excepcionalmente tienen todavía algunos pueblos, lagunas que explotar por medio de la pesca, de la caza, de tule, etcétera, o montes que esquilmar, aunque fuese bajo la vigilancia de las autoridades, donde hacer tejamanil, labrar tabla u otra pieza de madera; donde hacer leña, donde emplear, en fin, sus actividades, el problema de su alimentación podría...

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