El Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, 1811 - Fuentes históricas, Constitución de 1917. Volumen I - Libros y Revistas - VLEX 706831469

El Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, 1811

Autor:Augusto Hernández Becerra
Páginas:419-435
 
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INTRODUCCIÓN
L
AS IDEAS federales fueron primero que los partidos políticos en la
formación doctrinaria e ideológica de la naciente Colombia. Es-
bozaron una idea de Nación mucho más constante y profunda que la
expuesta en cualquiera de las doctrinas y programas de los partidos
políticos. Tuvieron mayor capacidad que los partidos para galvanizar
las voluntades individuales y sociales del país, y en este sentido fue-
ron superiores en el imaginario colectivo a los pasajeros gobiernos y
al partidismo electoral.
El federalismo fue para los colombianos la primera ilusión de un
pueblo que, recién emancipado de la tutela de España, soñó con vivir
formando parte de una República como Nación, en condiciones de li-
bertad e igualdad. No parecía haber otro camino cuando, al desapare-
cer el virreinato, la Nueva Granada se disolvió en las 15 provincias que
la formaban y, en un primer momento de orfandad, una por una resol-
vieron declararse independientes y redactar sus propias constituciones.
La cordura invitaba a que se realizara la unión de esas provincias
soberanas, y de esa iniciativa de muchos, primera expresión republi-
cana del ser grana dino libre, que es idéntico al colombiano de años
después, nació el Acta de la Federación de las Provincias Unidas de
Nueva Granada.
El Acta tiene un nombre engañoso, porque sugiere una simple
intención o proyecto de constituir en el futuro un Estado federal. Por
el contrario, el Acta de Confederación de las Provincias Unidas de la
Nueva Granada fue una auténtica Constitución, que creó ese Estado en
forma completa y definitiva, y así echó a andar desde el primer mo-
mento, el 27 de noviembre de 1811, una de las más antiguas repúbli-
cas del ámbito hispanoamericano.
El federalismo se insinuó poderosamente, a comienzos del siglo XIX,
como el destino manifiesto de una sociedad plural y diversa deseosa
ESTUDIO CRÍTICO
El Acta de Confederación de
las Provincias Unidas de la Nueva Granada, 1811
Augusto Hernández Becerra*
*Profesor emérito, miembro del Consejo Directivo y docente-investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de
Colombia.
AUGUSTO HERNÁNDEZ BECERRA
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de organizarse en república. Debió recorrerse un arduo camino. El Acta, primera expresión
constitucional de un Estado nacional granadino, emprendió la marcha y sentó las bases fir-
mes de la futura Colombia.
EL SINO FEDERAL DE COLOMBIA
La diversidad regional del Reino de la Nueva Granada, que en su complejidad y exotismo
tanto fascinó a los cronistas de Indias y a los viajeros europeos,1 forjó desde los primeros
tiempos de la colonia una aptitud natural de los granadinos hacia el federalismo.
Una larga experiencia de autonomía regional en el transcurso de la colonia, contribuyó a
gene rar identidades, orgullos y autonomismos territoriales que, ya maduros, se manifestaron
a comienzos del siglo XIX en la espontánea y temprana proclamación del principio federal y
en la voluntad de las provincias, ya libres, de unirse para constituir un Estado federal.
Los pueblos hispanoamericanos, dice Elías de Tejada, quien en su obra hace especial
mención a las provincias de la Nueva Granada, “ya existían desde siglos, lentamente diferen-
ciados en el seno de la gigantesca monarquía y constituidos como entidades dotadas de ras-
gos peculiares, precisamente por la peculiar índole federativa de la monarquía católica”.2
Las provincias, esas entidades de índole federativa, contribuirán decisivamente a la preser-
vación de la unidad granadina mediante la creación de un Estado federal, que será el princi-
pio de la historia nacional de Colombia.
Las provincias
Los conquistadores españoles, adelantados del rey en el Nuevo Mundo, llegaron con la mi-
sión de aumentar los dominios de España, consolidar la posesión territorial mediante la
fundación de pueblos regidos por ayuntamientos, tomar provecho de todas las riquezas exis-
tentes, dar de ellas participación a la Corona y evangelizar a los indígenas.
En la extensa región suramericana y centroamericana que al cabo de unos años vino a
conformar el Nuevo Reino de Granada se crearon gobernaciones que tuvieron por sede las
primeras fundaciones.3 Luego, a medida que surgieron y prosperaron pueblos nuevos en el in-
terior, se generalizó la división territorial en provincias, a semejanza del ordenamiento territo-
rial de Castilla.
Por Real Cédula expedida en Valladolid el 17 de julio de 1549 se creó para el Nuevo
Reino de Granada la Real Audiencia de Santa Fe, desmembrándola de la de Santo Domingo.
La Real Audiencia administraba la justicia pero también se encargó de la administración y
pacificación del territorio, constituido inicialmente por las provincias del Nuevo Reino, Santa
Marta, Río de San Juan, Popayán, Guayana o Dorado y Cartagena.4
1Cabe mencionar, entre las más antiguas, Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada, de Pedro de Aguado (1581); Primera
parte de las elegías de varones illustres de Indias, de Juan de Castellanos (1589); Conquista i descubrimiento del nuevo Reino de Granada de
la Indias Occidentales del mar océano i fundación de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, conocida como El carnero, de Juan Rodríguez Freile
(1638); Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada, de Lucas Fernández de Piedrahita (1688).
2Francisco Elías De Tejada, El pensamiento político de los fundadores de la Nueva Granada, Sevilla, Librería Torreón de Rueda, 1955, p. 4.
3Hacia 1540 existían las gobernaciones de Santa Marta (fundada en 1525), Cartagena (fundada en 1533) y Popayán (fundada en 1536).
4En opinión del ex presidente y constitucionalista Alfonso López Michelsen la Real Cédula del 17 de julio de 1549 es el acto origina-
rio y constitutivo de la nacionalidad colombiana, pues organizó “la entidad política que debía con los siglos dar origen a la actual república
de Colombia”, Alfonso López Michelsen, El prejuicio antiespañol. “Cuestiones colom bianas”, México, 1955, p. 109.

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