El trabajo en la imaginación apocalíptica

Revista Letras Jurídicas Núm. 11, Enero 2005

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Resumen


El autor realiza un análisis crítico acerca del trabajo y sus transformaciones en las formas productivas por el impacto generado por la utilización de nuevas tecnologías y las tendencias actuales de la economía mundial, que no permiten su expansión, pero si la exclusión de la norma jurídico-laboral, lo cual propicia la simulación de las relaciones laborales, la contratación precaria, subcontratación, autoempleo y otros modelos atípicos que relegan al trabajo a la economía informal y por tanto a la clandestinidad, por tal circunstancia, se ha incrementado el porcentaje del trabajo informal y ha disminuido el trabajo formal jurídicamente protegido; el resultado es un número cada vez mayor de trabajadores sin derechos, frente a una minoría a quienes pueden aplicarse los efectos tutelares de la Ley del Trabajo.

The author does a critical analysis about work and its transformations in the productive forms because of the impact generated by the use of new technologies and actual tendencies of world economics, that don't allow its expansion, but allow the exclusion of the labor-law norm, which causes the simulation of labor relationships, precarious hiring, subhiring, autoemployment, and other atypical models that relegate work to informal economy and also to secrecy , for this, the percentage of informal work has increased and formal lawfully protected work has decreased; the result is a larger number of workers without rights, against a minority to who tutelary effects of the Labor Law can be applied.

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Extracto


El trabajo en la imaginación apocalíptica

Introducción

Al finalizar el milenio, los arúspices y taumaturgos ocuparon gran parte de su tiempo, en ejercitar la imaginación del desastre, presagiaron un porvenir con grandes incertidumbres y penalidades para el mundo del trabajo y su Derecho; algunos dejaron de frecuentar y olvidaron el "pasado cierto"1 para concurrir con insistencia frenética hacia el futuro incierto y siempre dudoso. Recrear el pasado y frecuentarlo es tarea útil, cuando sirve para actualizar, comprender y evocar una época, en la que el derecho de la "pobreza laboriosa"2 surgió con gran fuerza y vigor, para defender al trabajo de los excesos que produjo el individualismo egoísta e insensible a los problemas sociales.

El problema actual para el Derecho del Trabajo radica en enfrentar un pasado que fue, con un futuro que pretende difuminar lo que era. Esto nos recuerda la metáfora elocuente del gran jurista de Bolonia, U. Romagnoli, quien en símil con la corriente de un río diría "nadie debe pensar que el Derecho del Trabajo pueda regresar hacia atrás la corriente de su historia"3.

Por su parte los abusioneros insistieron con terquedad en la desaparición o el "fin del trabajo" 4, para ello reprodujeron imágenes catastróficas y promovieron con euforia la proximidad de sus exequias.

El arte de la adivinación es oficio antiguo, consiste en vaticinar las cosas futuras, para predecir el destino del hombre. Marco Tulio Cicerón, el gran tribuno de Roma, escribió en su libro De la adivinación5, en el año 44 a. C. que existen dos géneros de adivinación: uno el que es partícipe del arte; el otro, el que carece del arte. Hay arte en aquellos que buscan el conocimiento de los hechos futuros por medio de la conjetura; los hechos antiguos los aprendieron por medio de la observación. Y carecen de arte, aquéllos que no han sido observados por medio del razonamiento, sino por medio de la agitación del alma, lo cual acontece a quienes sueñan y vaticinan por medio del delirio profético.

Quienes practican la disciplina augural y la orinomancia decidieron centrar sus ensueños apocalípticos, en preludiar un mundo turbulento caracterizado por la infelicidad y el desastre, así como los postreros días, en los que habría de llegar el transir o el desprendimiento, para dejar al ser humano y a su energía creadora (el trabajo), en esa soledad ontológica -como diría E. Nicol- para ingresar sin reservas en el reino de los entes, en el que "sólo quedan el recuerdo físico del hombre que se fue".6 Pero resulta que la vida es renovación, lo cual implica resurgir, volver a aparecer. Así lo enseñó Heráclito, el filósofo de Efeso, en sus Fragmentos. Expuso en ellos, la Teoría de la "transformación perpetúa e inacabable de todas las cosas",7 señaló también que el hombre al morir "enciende para sí una luz en la noche, apagados sus ojos, y sin embargo vive".8 Por su parte, Séneca escribió en sus Tratados Filosóficos que no era forzoso conservar la vida, porque lo importante no es vivir mucho sino vivir bien, que es un deber aguardar el término que la naturaleza nos prescribe. La obra maestra de la Ley Eterna es haberle procurado varias salidas a la vida del hombre, que sólo tiene una entrada. Para él "la muerte más sucia es preferible siempre a la esclavitud más elegante"9. Por ello, la idea de muerte para el trabajo y su derecho, puede y debe traducirse en transformación, porque todo cambia, "lo único que no varía es el anhelo de variar. Todo se muda y se transforma; lo que permanece invariable es el movimiento y la transformación"10 y grandes han sido las mutaciones de la humanidad en su larga y penosa travesía histórica.

I. El trabajo y sus metamorfosis

Todo lo que es, tiene forma. Por su forma conocemos cada cosa. La forma es una constancia del ser. Pero el hombre es un ser inconstante. La suya, es una forma que se transforma.

La mutación de su f...

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