Resumen
Indudablemente el Poder Legislativo ha adquirido una dinámica dentro de la vida institucional de nuestro país nunca antes vista y hasta hace poco tiempo inimaginable. Para nadie pasa desapercibido que hasta la nueva conformación plural que vivió este órgano colegiado en las elecciones de 1997, el poder legislativo se constituía como mero ratificador de las decisiones presidenciales.
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Extracto
El poder legislativo en la reforma del estado
Baste observar como en su mayoría (cuando no en su totalidad), las iniciativas eran presentadas por el Ejecutivo, quien a un solo llamado movilizaba el sistema político para que, por medio del procedimiento legislativo se materializara la voluntad presidencial. Ello derivado del desmedido crecimiento que durante la historia del México independiente se fue conformado alrededor de la figura presidencial, misma que acabó por perfeccionarse durante el siglo XIX. En este siglo no fueron pocos los elementos que actuaron en el fortalecimiento del presidencialismo mexicano, con el natural detrimento de los demás órganos del poder.
En la práctica del Poder Ejecutivo rompió con el fruto de la revolución francesa y del siglo de las luces: la división en el ejercicio de poder (más no la división de poderes, ya que éste es único e indivisible). Principio fundamental que fue adoptado por nuestro país en los albores de su independencia, y se consagro en nuestro texto constitucional de 1824. Desde entonces y hasta la promulgación de la constitución vigente, la división en el ejercicio del poder se ha constituido como piedra angular de nuestro sistema político, y pilar fundamental de la representación popular en el ejercicio de la soberanía nacional. Ello por lo menos en la teoría, la realidad ha estado muy alejado de este anhelo democrático en la representación institucional. El planteamiento es sencillo: es indiscutible que nuestro sistema político gira torno a un personaje, el Presidente de la Republica. Esta institución se ha transformado de manera tal, que ha adquirido una preeminencia innegable ante las demás instituciones del Estado, rompiendo con ello el ideal que dio vida a nuestra constitución vigente. Peor aún, se han perdido las fronteras entre la división en el ejercicio del poder. Es por lo tanto indiscutible que el presidencialismo ha socavado tanto el principio como la práctica de la división en el ejercicio del poder que nuestra constitución establece como una de las piedras angulares de nuestro sistema político. ...Ver el contenido completo de este documento
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