Inscribir el pasado en el presente: memoria y espacio urbano

Revista Política y CulturaNúm. 31, Abril 2009

Enlazado como:

Resumen


El artículo se ocupa de los llamados “lugares de memoria” como espacio privilegiado de disputa por la construcción de memorias colectivas en las sociedades latinoamericanas afectadas por dictaduras o conflictos armados internos. Esto se expone mediante tres tipos de lugares de memoria: “sitios testimoniales”; monumentos, museos y memoriales; y estrategias locales, descentralizadas y/o performativas de marcación de la memoria en el espacio. Éstos se analizan en función de los actores, destinatarios, contenidos y medios involucrados. En el contexto de una “globalización de la memoria” se plantea la pregunta por la existencia de un lenguaje latinoamericano de la memoria.

Palabras clave: memoria, historia, cultura, espacio urbano, arte.

This work deals with the “memory places” as a privileged space of construction of collective memories in Latin American societies affected by dictatorships or inner armed conflicts. This is exposed through three different types of memory places: “testimonial sites”; monuments, museums and memorials; and local, decentralized, performative practices of inscribing the memories in the public space. These are analyzed regarding issues such as the actors, addressees, contents and means involved in each case. In the context of what some authors call the “globalization of memory” the question about the existence of a specific Latinamerican language of memory is posed.

Key words: memory, history, culture, urban space, art.

Ver el contenido completo de este documento

Extracto


Inscribir el pasado en el presente: memoria y espacio urbano

Estela Schindel. Docente en el Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín, Alemania. Correo electrónico: schindel@zedat.fu-berlin.de.

Las dictaduras y guerras internas en las sociedades latinoamericanas han atravesado diversas etapas y se han desplegado en frentes variados. Desde las transiciones democráticas o el fin de los conflictos armados, sucesivas “capas” de memoria se han ido sucediendo y los relatos sobre la experiencia de violencia se han hecho más complejos, ampliando el espectro de voces y de modos con que se nombra el pasado.

Los actores sociales que han asumido la construcción de una memoria colectiva han adoptado estrategias variadas y lo han hecho en diversos frentes, los cuales incluyen la búsqueda de la verdad –y de los restos de las víctimas en el caso de los “desaparecidos”–, los intentos de llevar a los tribunales a los responsables de los crímenes, la creación de espacios de asistencia y contención a las víctimas y los esfuerzos por ampliar la conciencia social sobre el tema. Estos procesos van acompañados de una creciente producción testimonial y académica, que a la vez que amplía el conocimiento sobre el pasado propone una reflexión sobre el ejercicio mismo de la memoria. Así, por ejemplo, el énfasis en la oposición “memoria” frente a “olvido” que predominó en los países del cono sur durante los primeros años de democracia dio lugar, ante la proliferación de actores y versiones que se suman al debate, a discursos que asumen en cambio la existencia de memorias plurales, cada una de las cuales contiene alguna forma de “olvido”, y que disputan entre sí por el relato hegemónico del pasado.1

Uno de los ámbitos en que se despliegan esas memorias y en el que compiten por la preeminencia de sus respectivas versión y valoración del pasado es el de su inscripción, señalamiento o marcación territorial. La instalación de monumentos, placas o recordatorios, así como el tratamiento que se da a los sitios que fueron escenario de la violencia, son un modo en que se ejercen y plasman las memorias así como los conflictos asociados a ellas.

En esas prácticas cristalizan los modos que se va dando la sociedad de recordar y elaborar el pasado, combinando la necesidad privada e individual de homenajear a las víctimas con la aspiración colectiva de narrar la historia y plasmarla en el espacio público. Estos esfuerzos pueden definirse como procesos de “memorialización” y como tales deben distinguirse del simple ejercicio de la memoria: la facultad psíquica de recordar. La memorialización implica un impulso activo y una voluntad de incidencia política y a diferencia de la memoria –acto que puede ser privado– integra lo que Hannah Arendt denomina “el ámbito de la acción”: iniciativas que ponen algo en movimiento en la esfera pública y cuyos efectos, impredecibles e irreversibles, crean las condiciones para la historia futura.2 Eso diferencia a las prácticas que se exponen aquí de la ya clásica noción de “lugares de memoria” elaborada por Pierre Nora.3 Sus lieux de memoire (que incluyen pero a la vez exceden los lugares físicos, como museos y monumentos) fueron pensados de modo casi inextricable al contexto francés –o en todo c...

Ver el contenido completo de este documento

Enlaces patrocinados




ver las páginas en versión mobile | web

ver las páginas en versión mobile | web

© Copyright 2012, vLex. Todos los Derechos Reservados.

Contenidos en vLex México

Explora vLex

Para Profesionales

Para Socios

Compañía