Del derecho informático al derecho del ciberespacio y a la constitución del ciberespacio

Iuris TantumNúm. 17, Diciembre 2006Estudios varios

Enlazado como:

Resumen


I. El ciberespacio como metaespacio y su estructuración político-jurídica. I.1 El ciberespacio, una diástole sin sístole, en la Historia de la Humanidad. I.2. La revolución global es una revolución de las telecomunicaciones, no del capitalismo.. I.3. El espacio global como un espacio integral, que afecta no sólo a la economía, sino también a la cultura, la política y el Derecho. II. Derecho informático y derecho de la informática. II.1 El Derecho Informático engloba a la Informática Jurídica y al Derecho de la Informática. II.2. El Derecho de la Informática entre las ramas del Derecho. III. El derecho del ciberespacio, destino del derecho informático. III.1 La Constitución del Ciberespacio y la Declaración de Derechos del ciberespacio. III.2. Competencia exclusiva del Gobierno del Ciberespacio, en cuanto a la regulación de las redes globales de telecomunicaciones y singularmente de Internet. III.3. Derecho a la Protección de Datos Personales y al secreto de las telecomunicaciones. III.4. Código de las obligaciones en el ciberespacio. III.5. Código Fiscal del ciberespacio. III.6. Código Penal del ciberespacio. III.7. Propiedades incorporales en el ciberespacio.

Ver el contenido completo de este documento

Extracto


Del derecho informático al derecho del ciberespacio y a la constitución del ciberespacio

I. El ciberespacio como metaespacio y su estructuración político-jurídica

I.1 El ciberespacio, una diástole sin sístole, en la Historia de la Humanidad

La auténtica revolución que ha transformado el mundo en un espacio global no se halla en el comercio transfronterizo, que ha existido siempre y en el capitalismo, en definitiva, sino en las telecomunicaciones. No nos engañemos al respecto. El capitalismo extiende su poder, hoy prevalente, a las telecomunicaciones; pero el fenómeno auténticamente revolucionario, desde el punto de vista de la existencia del mundo como espacio global, se halla en las telecomunicaciones y no en el capitalismo. El comercio transfronterizo existía desde antes de la Era Cristiana, desde los fenicios y mucho antes incluso, pero el mundo -ni siquiera el mundo conocido- nunca se globalizó, porque el particularismo siempre prevaleció sobre el universalismo.

Poco antes, en términos históricos, de la Era Cristiana el mundo vivió dos diástoles, que no fueron globalizadoras, porque llevaban en su ser las correspondientes sístoles atomizadoras. El mundo helenístico, reflejado políticamente en el Imperio Alejandrino, duró lo que el inmenso corazón de un héroe que vivió deprisa. El mundo se abrió al compás de la espectacular vitalidad de Alejandro y se cerró con él. Hubo que esperar un tiempo para que la obra del aguerrido hijo de una loba, Rómulo, alumbrara el mayor Imperio que han conocido los tiempos; pero el Imperio nunca fue más que la diástole de la civitas Romana, cuya subsiguiente sístole, a partir de la entrada en el corazón de Roma de la punta de flecha del bárbaro Odoacro, se llevó por delante la magnificencia imperial, sustituyéndola por la dispersión del mundo medieval.

Ambas diástoles produjeron ondas de largo recorrido espacio-temporal. con el helenismo se alumbró el ius naturale estoico que reconocía, por vez primera, la unicidad de la especie humana, más allá del grupo o etnia de pertenencia y alumbraba un ius gentium, germen del moderno Derecho interestatal -internacional, cono diría Bentham, en su conocida confusión entre nación y Estado-, por el que un Derecho regía las relaciones interhumanas, más allá de los grupos humanos concretos. La civitas Imperial, primer macroagregado de poder, con halo de permanencia, que ha conocido la cultura Occidental, nos legó, por su parte, el gran instrumento de la arquitectura política de una sociedad, el Derecho Romano, sobre cuya base se construyen los más avanzados sistemas jurídicos de nuestros días, tanto el Europeo Continental, que es también el de Centro y Sudamérica, como el Common Law, que es, asimismo, el de los Estados Unidos de América y la mayor parte de Canadá.

El Helenismo fue el latido de un gran hombre, Alejandro; el Imperio Romano el latido de una gran ciudad, Roma, la ciudad eterna, que quiso revivir su eternidad en el Imperio Romano de Oriente, en Constantinopla, la segunda Roma, y hasta en Moscú, la tercera Roma, cuyo espectacular infarto de miocardio, se ha llevado por delante la última de las redenciones ecuménicas que ha alumbrado la Historia de la Humanidad.

Sístoles y diástoles, a golpe de corazones ecuménicos, a veces grandes, como el de Jesús, el Cristo, y a veces no tanto, como el de Napoleón, o el de Lenin, se ha construido la Historia Universal de la Humanidad; con diástoles que inevitablemente conducían a sístoles, como la Renacentista, que explosionó en un mosaico de Estados, o como la de los grandes Imperios coloniales renacentistas, como el de castilla, el de Portugal, o el Británico, que añadieron más y más Estados al que luego sería el pluriforme, diverso y disperso mosaico de la descolonización.

Las Edades Moderna y contemporánea que no son sino, en grandes líneas una, la Modernidad, representan la mayor sístole de la Historia de la Humanidad, que se traduce en los más de 150 Estados existentes al día de hoy. Esta sístole...

Ver el contenido completo de este documento

Enlaces patrocinados




ver las páginas en versión mobile | web

ver las páginas en versión mobile | web

© Copyright 2012, vLex. Todos los Derechos Reservados.

Contenidos en vLex México

Explora vLex

Para Profesionales

Para Socios

Compañía