El influjo de la remesa participativa en las Zonas de Alta Migración Internacional

Epikeia. Revista de Derecho y PolíticaNúm. 2, Junio 2006Sumario

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Resumen


La emergencia de la remesa participativa significa la mediatización estatal de una práctica social que los migrantes realizaban por su parte para promover en algún grado el desarrollo social de sus lugares de origen. A principios de los noventa, bajo los auspicios del llamado liberalismo social, se instituye en Zacatecas el Programa Dos por Uno, hoy Tres por Uno, con la finalidad de comprometer a los migrantes organizados en la realización de obras que, de otra manera, serían competencia de los gobiernos locales. Dadas las condiciones de atraso socioeconómico de las Zonas de Alta Migración Internacional (ZAMI), el Programa parece necesario pero no suficiente en aras de una política integral en materia de migración y desarrollo. El panorama es de claroscuros: se promueve la organización de los migrantes pero no se trastocan las condiciones socioeconómicas de esas demarcaciones. Nuestro argumento es que la remesa participativa sirve a los propósitos de la descentralización y la gobernabilidad en las ZAMI sin mejorar las condiciones de la población migrante.

Palabras clave: 1. Remesa participativa 2. Desarrollo participativo transnacional 3. Programa Tres por Uno 4. Zona de Alta Migración Internacional.

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Extracto


El influjo de la remesa participativa en las Zonas de Alta Migración Internacional

Introducción

El desarrollo participativo, bajo la figura del Programa Tres por Uno, adquiere gran importancia en las Zonas de Alta Migración Internacional (ZAMI) ante el contexto prevaleciente de insustentabilidad social, deterioro productivo y despoblamiento. Al amparo de la estrategia de descentralización, el gobierno federal cede algunas funciones a los gobiernos locales, pero sin concederles mayores recursos en la escala de las nuevas atribuciones conferidas. Esto crea problemas en las regiones económicas porque se aminoran las posibilidades de impulsar el desarrollo, pues en términos reales disminuye la inversión pública canalizada a esos ámbitos geográficos, dado que se parte del supuesto de que el mercado asignará la inversión privada necesaria, al tiempo en que se plantea la exigencia de que la población presuntamente beneficiada por esa política aporte sus propios recursos para impulsar el desarrollo local y regional.1

Como parte de la política de descentralización de índole neoliberal en México, en 1992 el gobierno federal y el de Zacatecas instituyen un programa de coinversión focalizado en este estado, zona de alta migración por antonomasia, donde los migrantes zacatecanos organizados en clubes y federaciones en Estados Unidos, tienen que invertir sus recursos, las remesas llamadas genéricamente colectivas (Moctezuma 1999), para el desarrollo social. Si bien ya los migrantes invertían esos recursos previamente sin que el Estado participara para promover obras sociales, lo hacían con el propósito degarantizar la convivencialidad, como lo analizaremos más adelante. Pero con la participación del Estado se trata ahora de cumplir con un propósito político, ausente anteriormente en la práctica independiente de los migrantes: que ellos, organizados, contribuyan con sus propios recursos a promover el desarrollo de sus lugares de origen. Este programa, originalmente, se denominó Dos por Uno y a partir de 1999 Tres por Uno, cuando se sumó el aporte al fondo de coinversión de los municipios. Posteriormente, en 2001 el programa se difundió a nivel nacional, y algunos países centroamericanos lo adoptaron como suyo. Por su parte, los organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se han empeñado en propagarlo en otras latitudes, como un programa exitoso para el desarrollo social (Sedesol, 2005).

Los claroscuros tiñen el panorama social de las ZAMI. Por una parte, se promueve la emergencia de organizaciones de migrantes, sin que por ello esté garantizada su autonomía, pero, por la otra, no se impulsa el desarrollo de las ZAMI. Nuestro argumento es que el paso de lo que aquí designaremos como remesa societal a remesa participativa en las ZAMI no es otra cosa sino la cristalización institucionalizada de una práctica social que los migrantes realizaban con el específico propósito de promover, en sus lugares de origen, la convivencialidad y algún grado de desarrollo social autónomo, para servir ahora esencialmente a los propósitos de la descentralización y a la legitimación política a través de la gobernabilidad de las ZAMI, y no a los propósitos del desarrollo local y regional.

En aras de desplegar nuestro argumento, dividimos el trabajo en cinco secciones. En primera instancia, hacemos un breve recorrido por el uso teórico y práctico del concepto de participación o desarrollo participativo en elescenario de la instrumentación de la política neoliberal de ajuste estructural. En segundo lugar, proponemos un nuevo concepto, la remesa societal, que describe el ascenso de la práctica social de los migrantes con arreglo a la convivencialidad en los lugares de origen, y para el caso, antecedente del desarrollo participativo. En tercer término, nos centramos en el objeto de este trabajo, que se funda en otra propuesta conceptual, la remesa partidpativa, misma que cristaliza la ingerencia institucional del Estado en la práctica social de los migrantes, con miras a difundir el programa de descentralización y a garantizar la gobernabilidad de las ZAMI. En cuarto lugar, ofrecemos una caracterización empírica de la remesa participativa a través del análisis del Programa Tres por Uno. Finalmente, presentamos las conclusiones generales.

El desarrollo participativo en el contexto de la política de ajuste estructural

El concepto de participación se remonta a la década de los sesenta con la CEPAL (1964), cuando comienza a prender la idea de desarrollo local o comunitario. Motivado por la tensión internacional de la Guerra Fría, el desarrollo comunitario se difunde en los programas de Alianza para el Progreso y Desarrollo Rural Integral. Acto seguido, en el contexto de la crisis estructural del capitalismo de los setenta, la Fundación Dag Hammarskjöld (1974) plantea la idea de desarrollo alternativo2 como una modalidad de desarrollo nodependiente del libre mercado ni de la gestión del Estado. A ello se suma la noción de neces...

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