Fecundación in vitro y derechos humanos

Revista El Mundo del AbogadoNúm. 140, Diciembre 2010

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Resumen


Con motivo de la entrega del Premio Nobel de Medicina 2010 a Robert Edwards por sus estudios y avances en la fecundación in vitro, se ha renovado la polémica sobre si este tipo de avances científicos son moralmente aceptables cuando involucran la vida y la dignidad humanas. De ello nos habla el autor de este artículo, profesor investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

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Extracto


Fecundación in vitro y derechos humanos

El 25 de julio de 1978, tras numerosos ensayos fallidos, nació la denominada primera "bebé probeta", término popular hoy en desuso y escasamente descriptivo del complejo proceso de procreación asistida. A poco más de 30 años se puede realizar un balance de lo que ha sido esta práctica: qué era al principio, en qué se ha convertido, cómo ha cambiado el Derecho de familia y el estatuto del embrión humano.1

Louise Brown nació en Inglaterra, gracias al esfuerzo de los médicos Patrick Steptoe, ginecólogo del Oldham General Hospital, y Robert Edwards, fisiólogo de la Universidad de Cambridge. Durante años, sus padres habían intentado tener un hijo, pero una obstrucción en las trompas de Falopio de su madre lo impedía.

La técnica aplicada para tan sorprendente proceso, que hizo recordar a muchos las previsiones de Aldous Huxley en Un mundo feliz, se venía desarrollando desde 1966 pero siempre había fracasado a las pocas semanas de la transferencia del embrión a la madre.2 El otorgamiento del Premio Nobel de Medicina al doctor Robert Edwards, cocreador de la fecundación in vitro, con el objeto de que las parejas infértiles pudieran tener hijos, nos debe llevar a realizar una evaluación de sus bondades y de sus defectos, desde el prisma a través del cual deben analizarse todos los avances científicos y las reformas legales: la dignidad de la persona humana, origen y fin del ordenamiento jurídico.

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